Agustín Tejada vuelve a mirar hacia una historia que ocurrió mucho más cerca de Tudela de lo que a veces sugieren los grandes relatos históricos. En «Las legiones perdidas», su décima novela desde que debutara en 2007 con El profesor inocente, el escritor regresa a la Hispania celtibérica y retoma el enfrentamiento entre Roma y los pueblos del interior peninsular con los que conquistó a los lectores en Furia Celtíbera. Esta vez el escenario es la Segunda Guerra Celtibérica, iniciada en el año 154 antes de Cristo, veinticinco años después de los acontecimientos narrados en la anterior novela.
Tejada ha construido a lo largo de casi dos décadas una trayectoria literaria marcada por el interés por la historia más cercana y desconocida. Tras El profesor inocente llegaron títulos como La mala estrella, premiada en Almería, y las primeras obras que fueron acercándolo cada vez más al territorio de la novela histórica en torno al valle del Ebro. Contrebia Leucade abrió una vía a la que ha dado continuidad con Hispania, el sueño de un rebelde, Cruzados, La sombra del rey de Jerusalén y la más reciente Furia Celtíbera.
Con Las legiones perdidas, el autor vuelve a una fórmula que ha acabado convirtiéndose en una de las señas de identidad de su obra, rescatar episodios históricos ocurridos en el entorno del valle del Ebro, documentarlos y convertirlos en aventuras protagonizadas por personajes llenos de ambiciones, miedos, contradicciones y secretos.
Roma vuelve a chocar con la Celtiberia
Las legiones perdidas se sitúa en el año 154 antes de Cristo, cuando una nueva crisis entre Roma y los pueblos celtíberos rompe más de dos décadas de paz. El detonante es la ampliación de las murallas de Segeda, que Roma interpreta como una violación de los acuerdos anteriores y utiliza como motivo para iniciar una nueva campaña militar.
La población huye hacia Numancia y el cónsul Quinto Fulvio Nobilior, confiado en una rápida victoria, decide continuar la ofensiva. El resultado es muy distinto al esperado. El ejército romano comienza a sufrir derrotas, emboscadas y un desgaste continuo hasta quedar atrapado cerca de Numancia.
Ahí arranca la trama central de la novela. Tejada introduce a Cayo Biesio, personaje histórico al que convierte en uno de los protagonistas del relato y sobre el que construye una misión decisiva. Romper el cerco, regresar a Roma y buscar ayuda para unas legiones cada vez más cercadas.
Personajes reales para contar la intrahistoria
Tejada ha defendido la presencia en sus libros de los nombres que dejaron las fuentes clásicas. «He utilizado personajes que mencionan los historiadores grecolatinos». Son, explica, personajes históricos de los que apenas conocemos algo más que sus nombres. «La historia les ha puesto un nombre, pero no les ha puesto rostro, ni aspecto, ni personalidad. Eso ya corre de mi cuenta», señala el escritor.
Entre los celtíberos aparecen líderes belos y numantinos recogidos en las fuentes, mientras que el lado romano lo protagoniza el antagonismo entre Nobilior y Biesio. Sobre el primero, Tejada no tiene demasiadas dudas. «Un militar vanidoso, ególatra, inexperto e incompetente. Llegó a Hispania al mando de un enorme ejército y perdió a buena parte de sus hombres».
Contar la historia que ocurrió aquí al lado
El equilibrio entre documentación y ficción es uno de los rasgos que Tejada reivindica de su literatura. «Me gusta fundir la historia y la intrahistoria, porque si solamente cuentas hechos históricos tu novela se parece demasiado a un ensayo. Me gusta contar hechos históricos, pero también me gusta fabular».
Y, sobre todo, le interesa hacerlo con acontecimientos que tuvieron como escenario territorios cercanos. «Me gusta contar cosas que han pasado muy cerca de aquí. No tenemos por qué irnos lejos para leer novela histórica».
Para Tejada, ese es precisamente uno de los grandes atractivos de la Celtiberia. «La novela histórica tiene que embarcarte en un viaje virtual interesante, pero es que ese viaje puede estar aquí al lado, porque la Celtiberia de aquella época es impresionante. Hay que conocerla», reivindica.
En Las legiones perdidas incluye, por ejemplo, una reconstrucción literaria de la Numancia del siglo II antes de Cristo, muy diferente del paisaje que hoy puede contemplarse en el famoso yacimiento arqueológico de Soria.
Un relato que obliga a tomar partido
Tejada reconoce que una de sus intenciones con Las legiones perdidas ha sido descolocar al lector y evitar una lectura cómoda del conflicto entre romanos y celtíberos. La novela arranca favoreciendo la identificación con los pueblos sometidos por Roma, pero el equilibrio cambia a medida que las legiones comienzan a sufrir derrotas, emboscadas y pérdidas. «Empiezas pensando que el débil es el celtíbero, pero a medida que el ratón se convierte en gato cambia esa percepción», explica. El objetivo, reconoce, es alejarse de una visión simple de vencedores y vencidos.
La novela puede encontrarse en las librerías de Tudela y en los principales canales nacionales de distribución.












