Junta de la AAVV: Milagros Tabuenca, Dani Crespo, Juan Luis Chueca, Matilde Jiménez, Eduardo Pina y Juanjo Bienes
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La Asociación de Vecinos del Casco Viejo de Tudela ha comenzado a celebrar su 50 aniversario con una exposición en el centro cívico de la Rúa que recorre cinco décadas de reivindicaciones, actividades y mucho esfuerzo y trabajo. Fotografías, carteles, hojas y fanzines informativos y recortes de prensa permiten reescribir cómo se organizaron familias y vecinos para reclamar servicios básicos, mejorar las calles, defender el patrimonio y mantener la vida del casco histórico de la capital ribera.

La apertura de la muestra  ha servido también de emotivo momento de reencuentro. Muchos vecinos han vuelto a reconocerse en antiguas fotografías y a compartir recuerdos en manifestaciones, fiestas y movilizaciones. Las imágenes y los documentos han recuperado anécdotas y muchos recuerdos de las personas que compartieron todas aquellas experiencias. «La verdad que nos emociona tener tanta compañía y buena compañía», ha reconocido su actual presidente, Dani Crespo, que dedicó parte de su intervención a reconocer el esfuerzo de quienes han sostenido la actividad de la Asociación de Vecinos del Casco Viejo desde 1976.

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Entre fotografías, conversaciones y recuerdos, la inauguración ha permitido poner rostro a 50 años de historia. Un reconocimiento a quienes comenzaron, a quienes continuaron y a quienes mantienen hoy la actividad de la asociación. «Un barrio lo hacen, sobre todo, las personas que lo viven, que lo defienden y que se preocupan por él», ha resumido su presidente. Medio siglo después, ha añadido, «tenemos muchas cosas que celebrar», reivindicaciones pendientes y «muchas ganas de seguir haciendo barrio».

De los cubos de basura a la rehabilitación

La exposición permite acercarse a las necesidades que marcaron los primeros años de la asociación. Entre ellas, algo tan básico como disponer de cubos de basura, mejorar la limpieza y combatir la presencia de ratas. Los paneles conservan fotografías de aquellas campañas y de las aportaciones vecinales para comprar los recipientes.

También aparecen las peticiones de teléfonos públicos, demandas de pavimentación y alumbrado y las protestas contra la subida de las contribuciones. Todos ejemplos de un trabajo que atendía problemas muy concretos de la vida cotidiana del Casco Viejo y que buscaba trasladar las necesidades del barrio hasta el ayuntamiento y el Gobierno Foral.

Crespo recordaba con humor alguna de estas luchas y de los cambios vividos. «Hace 50 años, recién nacida la democracia, se pedía que pusieran cubos de basura. Ahora pedimos que los quiten durante el día».

La mejora de las viviendas y del entorno urbano ocupa otro espacio destacado. Carteles de charlas, escritos y noticias recuerdan las peticiones de ayudas a la rehabilitación y la recogida de firmas para reclamar una ordenanza municipal. La documentación también refleja el interés por informar a los vecinos sobre los planes urbanísticos y animarlos a participar en las decisiones que afectaban a sus calles y casas.

Patrimonio, parques y espacios para convivir

La defensa del patrimonio del Casco Viejo tiene dos referencias especialmente destacadas y reconocibles en esta historia. Huerfanicos y San Nicolás. Las exposición muestra la oposición al derribo de Huerfanicos y la petición de rehabilitarlo, así como las denuncias sobre el deterioro progresivo de San Nicolás y las demandas para su conservación y recuperación.

También hay recuerdos de la reivindicación de un parque en el solar del Liceo con jornadas que reunían limpieza, plantación de árboles, juegos, teatro y creación de murales. La preocupación por el entorno natural también aparece en otras actividades que traspasaban el propio barrio, como la bajada del Ebro en balsas «Por un Ebro sano y limpio».

Algunas de aquellas demandas siguen teniendo plena vigencia, como ha recordado Crespo. «Se pedían parques, como el del Liceo, que se arreglara el de la Virgen de la Cabeza, y ahora seguimos pidiendo zonas verdes, arbolado. Cincuenta años después algunos seguimos reclamando exactamente lo mismo, que escuchen al vecindario».

Las fiestas y el trabajo de hacer barrio

Más allá de la lucha, la historia de la Asociación de Vecinos también ha dejado espacio para el disfrute y la celebración. Las Fiestas de San Pedro, celebraciones navideñas o actividades infantiles recuerdan también el papel que ha tenido la asociación como lugar de encuentro. La Música, los juegos, el teatro y las chocolatadas acompañaban algunas de las movilizaciones con frecuencia.

Detrás de cada cartel o escrito había personas que dedicaban tiempo a organizar actividades, recoger firmas y defender mejoras para sus vecinos. «Nos dejaron un legado que va mucho más allá de las mejoras materiales que consiguieron para el barrio», ha resaltado Crespo sobre quienes iniciaron el camino. «Nos dejaron algo todavía más importante, que es el espíritu de esfuerzo, de compromiso y de trabajo colectivo».

Una memoria recuperada y compartida

Parte del material expuesto procede de la muestra organizada en abril de 1996 con motivo del veinte aniversario de la asociación. Su recuperación ha sido posible gracias a Javier Navarro, que conservaba aquella exposición casi íntegra, y se ha completado con documentación y fotografías aportadas por medios de comunicación.

El acto también ha servido para presentar el nuevo logotipo de la asociación y reivindicar el centro cívico de la Rúa como punto de encuentro del Casco Viejo.

 

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