Monteagudo cuenta desde este curso con una nueva Escuela Infantil, un recurso de nueva creación destinado a cubrir la atención de los más pequeños antes de su incorporación al colegio. El centro ha comenzado su actividad con siete niños de entre 1 y 3 años y dos profesionales al frente: Beatriz Villafranca Gómez, maestra de Educación Infantil, y que cuenta además con un posgrado universitario en Metodología Montessori. Ella es la directora y gestora del centro.
La puesta en marcha de la escuela responde a la necesidad de ofrecer una atención educativa a los niños de 0 a 3 años, una etapa que hasta ahora no estaba cubierta por el colegio Honorio Galilea, que escolariza a los alumnos a partir de los 3 años. En este primer curso, la escuela atiende a niños de 1 a 3 años, con la previsión de que en el futuro pueda ampliar su atención también a la franja de 0 a 1 año.
El centro funciona actualmente en horario de 7:30 a 14:30 horas y cuenta con una sala amplia para el uso habitual de los niños, un gran patio y diferentes espacios adaptados a sus necesidades. Dispone también de baño infantil con cambiador adaptado, escaleras, lavabos y elementos a la altura de los pequeños, además de las dependencias destinadas a las educadoras.
Uno de los aspectos que destaca Beatriz Villafranca es precisamente la adaptación del espacio. La escuela está comunicada directamente con el colegio Honorio Galilea y uno de los objetivos es desarrollar actividades conjuntas entre ambos centros. Para la directora, el contacto entre niños de diferentes edades es especialmente beneficioso, ya que los pequeños aprenden mediante la imitación mientras que los mayores desarrollan actitudes de respeto y cuidado hacia ellos.
Una apuesta por la metodología Montessori
La metodología que se aplica en la Escuela Infantil de Monteagudo es la Montessori, una pedagogía en la que la observación, la autonomía y el respeto por los ritmos de cada niño tienen un papel fundamental.
“Es un cambio de mirada”, explica la directora. “El resto es atenderles, quererles mucho y ver que ellos son capaces de hacer todo”.
En esta etapa, la escuela da especial importancia a las llamadas experiencias de vida práctica, con actividades encaminadas a fomentar la autonomía. Los niños pueden manipular materiales, realizar propuestas sensoriales, participar en talleres de pintura y arte, música, baile o psicomotricidad, siempre adaptados a su edad y a sus intereses.
Una de las particularidades del centro es que no se plantea el juego únicamente desde el concepto tradicional de los juguetes. “Aquí no hay juguetes. Hay materiales de trabajo. Para ellos sí que son juguetes, pero realmente tienen una función”, señala Villafranca.
Los materiales están colocados a la altura de los niños para que puedan elegirlos, llevarlos a la mesa, utilizarlos y después volver a colocarlos en su sitio. De esta manera, el orden forma parte también del aprendizaje.
La directora considera que el ambiente es uno de los elementos esenciales de la metodología Montessori. “Si el orden externo es caótico, el orden interno es caótico”, apunta. Por ello, la escuela busca crear un espacio cuidado, ordenado, estéticamente agradable y sin una sobrecarga de estímulos, donde los pequeños puedan concentrarse y actuar de acuerdo con sus propios intereses.
Un espacio para crecer juntos
El patio constituye otro de los espacios importantes de la escuela. Cuenta con arenero, motos, tobogán…, elementos pensados para trabajar tanto el juego como la psicomotricidad gruesa.
La escuela pretende así ofrecer un desarrollo integral durante los primeros años de vida, combinando las experiencias sensoriales, el movimiento, el lenguaje, la música, el arte y las actividades de vida práctica.












