Durante años, muchos vecinos de Ablitas habrán pasado por la calle “El Puente de La Maja” sin preguntarse demasiado por el origen del nombre. Otros, en cambio, habrán elaborado sus propias teorías. Porque cuando una calle contiene una palabra como “maja”, la imaginación suele adelantarse a la historia. No faltará quien haya imaginado a alguna joven especialmente agraciada que, sin saberlo, terminó dando nombre a más de una conversación de plaza. La realidad parece bastante más sencilla y, para algunos, quizá algo decepcionante.
Hace algún tiempo, en una conversación sobre las calles del pueblo, alguien preguntó quién había sido aquella famosa maja. La pregunta provocó varias respuestas, ninguna coincidente con la anterior y todas defendidas con notable convicción. Como suele ocurrir en los pueblos, la falta de certeza no impidió que abundaran las explicaciones. Lo curioso es que, terminada la conversación, nadie tenía claro el origen del nombre, pero todos parecían satisfechos con su propia versión.
Sin embargo, todo parece indicar que la famosa maja nunca tuvo rostro, ni apellido, ni pretendientes. El nombre probablemente procede del verbo majar, una palabra hoy poco utilizada pero perfectamente conocida por nuestros antepasados. Majar era golpear o desgranar el cereal, una tarea habitual en una localidad agrícola como Ablitas, donde durante generaciones la vida estuvo mucho más pendiente del campo que de las leyendas.
Aunque, siendo sinceros, entre una explicación agrícola y una historia romántica, la segunda siempre ha tenido mejor acogida en las conversaciones de plaza.
Quizá porque las historias tienen la costumbre de mejorar con el paso de los años. Los trabajos del campo, en cambio, suelen desaparecer silenciosamente junto con las palabras que los describían. Y así ocurre que muchos nombres permanecen cuando ya casi nadie recuerda por qué nacieron.
Tal vez ahí resida parte de su encanto. Los nombres antiguos son pequeñas ventanas abiertas a un tiempo que ya no existe. Conservan oficios, costumbres y formas de vida que fueron perfectamente conocidas para quienes las vivieron y que hoy necesitan una explicación para ser comprendidas.
Mientras tanto, los estudiosos seguirán buscando documentos y los especialistas discutirán sobre topónimos. Los vecinos, por su parte, probablemente continuarán prefiriendo sus propias teorías. Al fin y al cabo, algunas historias, aunque no sean ciertas, siempre resultan más entretenidas.
Y quizá por eso, después de tantos años, seguimos hablando del Puente de la maja
FELICES FIESTAS
PEDRO J. SOTO SANTOS.











