Paloteado de Cabanillas 2026 durante las fiestas de San Roque
Foto de familia tras finalizar la representación
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Cada 16 de agosto, Cabanillas tiene una cita que forma parte de su día grande. El Paloteado vuelve a sonar en la plaza en honor a San Roque y, junto a los bailes y la tradición, llega también el particular repaso a lo ocurrido durante el último año en la localidad e incluso e infinito y más allá si por el medio hay un cabanillero o cabanillera para protagonizarlo.

El Paloteado de Cabanillas volvió a cumplir con el ritual. Y lo hizo anticipando sus intenciones, con «mucho palique» y con la intención de «repartir estopa, salpique a quien salpique».

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Sobre el escenario, Asier Pérez, como Mayoral; Carlos Catalán, en el papel de Rabadán; Desiré Asiáin, como Diablo, y Leire Sangüesa, como Ángel, condujeron una representación dirigida un año más por Tito Arellano y construida sobre ese equilibrio tan característico de danza y versos llenos de crítica y humor en los que nadie está completamente a salvo.

Cabanillas se mira al espejo

El éxito de un Paloteado reside en su capacidad de convertir los pequeños acontecimientos cotidianos en grandes historias. Este año volvieron a aparecer anécdotas protagonizadas por vecinos, polémicas partidas de cartas, viajes accidentados, incidentes con vehículos, obras, calles y otras situaciones.

El texto ironizó sobre las obras del Centro Juvenil e hizo reir a todos con las peripecias de la burra Baltasara. Los viajes y los medios de transporte dieron mucho juego. Trenes equivocados, vacaciones con sobresaltos y otras peripecias fueron pasando por el escenario mientras Mayoral, Rabadán, Ángel y Diablo se repartían las réplicas y mantenían viva una de las principales reglas no escritas del Paloteado. Si una historia ha dado que hablar en Cabanillas, puede terminar convertida en verso el 16 de agosto.

De Cabanillas al resto del mundo

La actualidad política y social volvió a entrar de lleno en el guion, con referencias a asuntos nacionales e internacionales y el habitual enfrentamiento dialéctico entre el Ángel y el Diablo.

Uno de los pasajes más serios llevó la mirada hasta Palestina. Entre el tono humorístico que domina buena parte de la función, el texto dejó espacio para condenar las muertes, el sufrimiento de la población civil y la destrucción provocada por el conflicto, cerrando el pasaje con un explícito «Palestina libre».

Las intervenciones de los personajes se fueron alternando con los bailes y las danzas hasta llegar a uno de los momentos más esperados, la torre a la que este año trepó la niña Nieves Pérez Lete que puso voz al cierre de la representación con el grito de «¡Viva San Roque y viva Cabanillas!».17

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