Tres temporadas después de asumir el banquillo del CD, Arkaitz Lantada Arana pone punto final a su etapa al frente de los verdes. Lo hace tras devolver al equipo a Primera Autonómica en su primer año, conquistar la Supercopa Navarra, disputar una eliminatoria previa de la Copa del Rey y rozar en dos ocasiones el ascenso a Tercera Federación.
Su despedida ha sido un cúmulo de emociones, reconoce Lantada. El Lourdes cerró la temporada encadenando siete victorias consecutivas, pero se quedó fuera del play-off en los últimos instantes. Un desenlace que convirtió su último partido en el banquillo en una mezcla de sensaciones agridulces.
En esta entrevista, Lantada repasa los momentos más importantes de su etapa, reivindica el trabajo silencioso que sostiene al fútbol modesto y explica los motivos que le han llevado a dar un paso al lado y cerrar una etapa que, confiesa «ha sido inolvidable tanto en lo deportivo como en lo humano».
Después de tres temporadas al frente del equipo, ¿cómo has afrontado el momento de decir adiós? En las imágenes se te vio especialmente emocionado.
Lo he afrontado bien porque era una decisión que llevaba tiempo meditando y que tenía muy clara. La emoción de ese día vino sobre todo por todo lo que ocurrió durante el partido. No dependíamos de nosotros para entrar en el play-off y aun así volvimos a ganar, encadenando siete victorias consecutivas.
En el tiempo añadido marcamos un gol y todo el mundo saltó al campo para celebrarlo. Pero cuando regresábamos al banquillo nos dijeron que los equipos de los que dependíamos también habían marcado y que nos quedábamos fuera. Pasamos de la alegría absoluta a la tristeza y la rabia en cuestión de segundos. Si a eso le sumas la despedida, fue un cóctel de emociones difícil de explicar.
¿Cuándo tomaste la decisión de cerrar esta etapa?
La decisión estaba tomada desde hacía tiempo. De hecho, ya había hablado con el club antes de Navidad. Al equipo se lo comuniqué meses después porque pensábamos que íbamos a estar en una zona tranquila de la clasificación.
Los motivos son sencillos: necesitaba dedicar más tiempo a mi familia y descansar mental y físicamente. Yo vivo el fútbol como otro trabajo. Entre mi profesión, el fútbol y la vida familiar llega un momento en el que necesitas parar. Además, ahora mis hijos empiezan a jugar y quiero poder disfrutar también de esa etapa.
“La gente no se imagina las horas y el sacrificio que hay detrás del fútbol aficionado”
¿Qué sensaciones predominan ahora mismo?
Sobre todo satisfacción y orgullo. Cuando llegué, el Lourdes acababa de descender y atravesaba una situación complicada. El primer año vinimos con la idea de ascender y lo conseguimos. Después, en Autonómica, el objetivo era mantener la categoría y acabamos jugando un play-off. Este año hemos vuelto a competir arriba, hemos ganado la Supercopa Navarra y hemos jugado una previa de la Copa del Rey.
Sinceramente, me voy muy orgulloso de lo que se ha conseguido.
¿Qué significó para ti asumir el banquillo del Lourdes?
Era una ilusión enorme. El Lourdes fue el primer equipo en el que jugué cuando llegué a Tudela. Había ido muchas veces a ver al primer equipo, en tardes de frío, de calor, de todo. Siempre tuve la sensación de que algún día quería entrenar aquí.
Cuando empecé a formarme como entrenador era uno de esos retos que tenía en la cabeza. Haber podido vivir esta experiencia durante tres años es algo que recordaré siempre.
Muchas veces solo se ve lo que ocurre los domingos. ¿Qué supone entrenar a un equipo aficionado?
Muchísima dedicación. La gente que me conoce sabe que siempre me he tomado el fútbol muy en serio, independientemente de la categoría.
Preparar entrenamientos, analizar rivales, revisar vídeos, planificar partidos, hablar con el preparador físico, con los analistas o con los jugadores… Hay muchísimo trabajo detrás. Ahora tenemos incluso cámaras que graban los encuentros y cuando llegas a casa sigues analizando lo que ha pasado.
Es un equipo aficionado, sí, pero muchas veces funciona casi como una media jornada laboral.
“Conseguir el ascenso el primer año y ganar la Supercopa Navarra son momentos que no olvidaré nunca”

¿Qué sacrificios personales exige?
Sobre todo tiempo. Tiempo que dejas de pasar con la familia, viajes que no haces, fines de semana condicionados o incluso aficiones que aparcas.
Al final son muchas horas y muchas renuncias. Lo haces porque te apasiona, pero el coste personal existe.
¿Crees que se valora suficientemente el trabajo que realizan entrenadores, directivos y colaboradores?
No. Y especialmente el de los directivos. Estoy convencido de que es una labor muy poco reconocida.
Si no fuera por ellos muchos clubes desaparecerían. Lo vemos en localidades cercanas donde no se han encontrado personas dispuestas a asumir responsabilidades y los equipos han terminado desapareciendo.
La gente debería conocer mejor todo lo que hay detrás antes de criticar. Hay muchas horas, mucho esfuerzo y mucho trabajo completamente desinteresado.
¿De qué te sientes más orgulloso?
Del cambio de mentalidad del equipo. Cuando llegué veníamos de un descenso muy duro y había situaciones en las que el grupo bajaba la cabeza cuando las cosas no salían.
Con el trabajo de todos conseguimos darle la vuelta. Aprendimos a competir, a levantarnos y a creer. Eso ha sido fundamental para todo lo que vino después.
¿Qué crees que has aportado al club?
Creo que hemos ayudado a que el Lourdes vuelva a estar en boca de todos por motivos deportivos. No hemos conseguido el ascenso a Tercera, pero sí hemos conseguido que la gente vuelva a hablar del Lourdes, que quiera venir a jugar aquí y que valore la forma de trabajar del club.
Eso no es mérito de una sola persona, sino de mucha gente, pero creo que hemos contribuido a ello.
¿Cuál ha sido el momento más feliz que has vivido en el banquillo?
Tengo varios.
El ascenso conseguido en casa durante las fiestas del barrio fue muy especial, sobre todo por los jugadores veteranos que se despedían aquel año.
También recuerdo con muchísimo cariño la Supercopa Navarra y la clasificación para la previa de la Copa del Rey.
¿Y el más duro?
La eliminación del primer play-off de ascenso, el partido de Copa del Rey en casa cuando todo se torció muy rápido, la eliminatoria ante Oberena y, por supuesto, quedarnos fuera del play-off esta temporada en los últimos minutos.
Ha habido momentos complicados, pero forman parte del camino.
¿Hay algún partido que nunca olvidarás?
El de la previa de la Copa del Rey. Viajar a Mallorca, compartir aquella experiencia con el grupo, competir como competimos… Fue algo especial.
Por un día nos sentimos casi un equipo semiprofesional y creo que ninguno de los que estuvimos allí lo olvidaremos.
¿Te marchas con la sensación de haber cumplido tus objetivos?
Sí. El primer gran objetivo era devolver al Lourdes a la categoría que había perdido y lo conseguimos.
Después queríamos que el club volviera a ser competitivo, atractivo para los jugadores y protagonista en la competición. Creo que eso también se ha conseguido.

¿Hay algún reto que se queda pendiente?
Claro que sí. Me habría encantado ascender a Tercera Federación con el equipo de mi barrio. No era un objetivo inmediato cuando llegué, pero al haber estado tan cerca es inevitable pensar en ello.
¿Qué te llevas de estos tres años?
Muchísimos recuerdos, vivencias y amistades. He conocido a personas extraordinarias y he recibido mucho cariño.
Eso es algo que me acompañará siempre.
¿Qué mensaje te gustaría dejar a la afición?
Solo tengo palabras de agradecimiento. Es cierto que todos queremos ver más gente en el campo y que el equipo se sienta más arropado durante toda la temporada, no solo en los partidos decisivos.
Pero entiendo las dificultades y agradezco sinceramente el apoyo que hemos recibido.
¿Te volveremos a ver en los banquillos?
En el fútbol sí, pero de otra manera. He tenido llamadas de algunos clubes, pero necesito descansar.
Seguiré vinculado al Lourdes y entrenaré a un equipo de benjamines. Es otra historia completamente diferente, con menos presión y con el objetivo de enseñar valores y ayudar a los niños a disfrutar del fútbol.
Si tuvieras que definir estos tres años en una sola frase, ¿cuál sería?
Me han dado mucho más de lo que jamás hubiera imaginado.












