Eduardo López Gvtarra
Eduardo López Milagro, CEO y propietario de The Real Green Food
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Eduardo López Milagro, nacido en Tudela y ex alumno del colegio de Jesuitas de esta localidad, es CEO y propietario de The Real Green Food. Desde esta compañía – que utiliza como logo una regadera como mensaje de cercanía y que incluye al agua como factor común y necesario de todos los vegetales y de la zona de la Ribera-, defiende un modelo agroalimentario basado en producto local, calidad y salud frente al auge de la comida ultraprocesada. En esta entrevista analiza el crecimiento del grupo, su apuesta por la “comida real” y el papel clave de la alimentación en el bienestar social y económico.

Eres el consejero delegado de la empresa The Real Green Food, quizás más conocida aquí en Navarra por algunas de sus marcas: Gvtarra (con 115 años de historia), Ja’e, Ayecue (ambas con más de 60 años), Riberebro, The Real Champion… ¿Cuáles son los datos principales de la compañía?
The Real Green Food es la matriz que engloba a diferentes negocios en distintas ubicaciones de España. Tiene tres unidades: verdura, legumbre y champiñón. En verdura contamos con marcas como Gvtarra, líder en España en verduras en cristal, con cuotas como el 55% en cardo. Está muy vinculada a Navarra, con planta en Villafranca y aprovisionamiento de materia prima en un radio de 30 kilómetros. En legumbre tenemos marcas como Ja’e y Gvtarra, con planta en Castilla-La Mancha, en un mercado que crece al 15-20% anual. Y en champiñón fresco producimos 14 millones de kilos al año, con una estructura integrada entre Navarra y La Rioja. El grupo factura más de 90 millones de euros, tiene más de 900 empleados, ocho plantas y más del 20% de la facturación procede del exterior, principalmente Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Además, vendemos más de 100 millones de unidades de comida al año.

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En una situación extrema, de cierre de fronteras, por ejemplo, podríamos alimentar a la población española durante al menos siete días, y con el objetivo de llegar al mes. Es un sector clave para la seguridad de un país. Ahora mismo, con los ataques al Golfo Pérsico, algunos de los países de allí comienzan a sufrir restricciones en agua y alimentos.

Su empresa es hoy un motor económico en Navarra y en la Ribera. ¿Qué importancia da al arraigo local?
El concepto de “Real” significa “lo verdadero”, y se basa en cinco pilares: producto local, de calidad, saludable, fácil de consumir y con sabor. Para garantizar eso necesitamos cadenas de suministro locales y control total del producto. No nos podemos deslocalizar porque dependemos del cultivo cercano. Existe una relación de necesidad mutua con el territorio. Eso obliga también a ser competitivos a nivel global, porque trabajamos con clientes muy exigentes. Nuestro crecimiento pasa por producir localmente y competir internacionalmente. Lo irrenunciable es mantener esa estrategia basada en producto real y local.

¿Qué significa “comida real”?
Comida real versus comida basura. Es la comida de siempre: sin aditivos, no ultraprocesada, con trazabilidad y saludable. Frente a eso está la “fake food” o comida rápida, estandarizada, barata y ultraprocesada, que se ha expandido globalmente y tiene impactos claros en la salud como obesidad o enfermedades. Es comparable a lo que ocurrió con el tabaco. El movimiento de comida real está creciendo porque permite vivir más y mejor. Por eso en 2020 cambiamos el nombre de la compañía para reflejar esa apuesta.

El consumidor quiere sano, rápido y barato. ¿Es compatible?
Esa triada es cuestionable. Lo sano sí, pero lo rápido y lo barato tienen riesgos. Comer siempre ha sido un acto social y de calidad, y la comida rápida rompe ese ritual. Lo barato suele ser de peor calidad. Nosotros trabajamos en facilitar el consumo – productos ya cocidos – y en ser competitivos, pero manteniendo calidad. Para ello necesitamos implicación y apoyo institucional para entender y desarrollar la comida saludable .

Detrás de su empresa parece haber toda una filosofía. ¿Por qué es tan importante la alimentación?
Porque es una necesidad básica junto al descanso. El concepto de “Real” es aplicable a toda la sociedad. Vivimos en un contexto de fake news, influencia negativa y desequilibrios. Hacer bien las cosas en alimentación es un primer paso para mejorar otros ámbitos. Es un concepto extensible a lo social, lo político o lo cultural.

¿La mala alimentación refleja problemas de la sociedad actual?
Sí. A lo largo de la historia hay etapas de equilibrio y de decadencia. La mala alimentación es un indicador de desequilibrios sociales. Que se normalice comer mal dice mucho de cómo se influye en la población. Es una consecuencia más de problemas estructurales.

¿Puede una empresa de alimentación contribuir al bienestar social?
Claramente sí. No solo ofreciendo alimentos sanos, sino generando empleo de calidad y actividad económica local. Es un modelo donde se mejora la salud y se genera bienestar. Para mí es un modelo virtuoso.

¿Cómo repercute comer mal en la sociedad?
Provoca enfermedades, reduce la calidad de vida y genera un enorme gasto sanitario. Como ocurrió con el tabaco, el sistema se ha acostumbrado a ello. Es necesario un cambio similar al de las energías renovables, con apoyo público a la alimentación saludable. Además, hay un crecimiento constante de la población mundial (más de 80 millones de nuevas personas al año), lo que genera una gran oportunidad para producir alimentos de calidad, especialmente en países como España.

¿Cómo imagina la alimentación dentro de 20 años?
Habrá dos ejes. Por un lado, más comida real, pero adaptada a cada región, no estandarizada. Las empresas serán más locales pero con capacidad multirregional. Las grandes multinacionales tendrán dificultades para transformarse. Por otro lado, la distribución cambiará radicalmente con la inteligencia artificial, los datos y el delivery automatizado, lo que modificará toda la cadena de valor.

Si tuviera que lanzar un mensaje a la sociedad, ¿cuál sería?
Dos ideas: nos hemos acostumbrado a tener muchos derechos y pocas responsabilidades. Se piensa que el futuro nos lo tienen que dar y no nos lo van a dar, lo tenemos que crear cada uno de nosotros. Y segundo, mantener la capacidad crítica y el sentido común frente a influencias externas que se nos están imponiendo a través de redes sociales, medios, etc, que tienen influencia interesada y negativa en muchos casos.

¿Cómo encuentra claridad en un mundo tan acelerado y lleno de ruido?
Desconectando de dispositivos y haciendo actividades básicas como deporte, caminar o leer, pero cada persona tiene su manera de desconectar. También intentando tomar pocas decisiones y hacerlo de forma pausada, porque la rapidez suele ser mala consejera.

¿Algo más que quiera añadir?
Me preocupan los jóvenes. Creo que nos hemos centrado más en las personas mayores. Las curvas demográficas tienen fuerte sesgo y los jóvenes pesan menos, hay menos natalidad, por lo que tiene menos atención de la sociedad. Creo que los jóvenes no son ni mejores ni peores que antes. Yo les animaría a tomar decisiones, a ser valientes y luchar por su futuro. También me preocupa el absentismo laboral, que se ha disparado y es un problema mixto de ilusión e implicación social, y de productividad.
También quiero destacar el equipo humano: más de 900 personas que son clave en el proyecto.

El modelo que plantea López Milagro trasciende lo puramente empresarial: apuesta por una alimentación más consciente, arraigada al territorio y alineada con la salud y el desarrollo sostenible. En un contexto global marcado por la rapidez, la estandarización y el ruido, reivindica la vuelta a lo esencial como base para construir no solo una industria más fuerte, sino también una sociedad más equilibrada.

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