Tras casi tres décadas vinculado a la Guardia Romana, Javier Estella sigue siendo uno de los pilares que mantienen vivas las tradiciones de la Semana Santa en Cabanillas y que el Ángel, el Judas y los soldados romanos continúen emocionando a todo el pueblo.
La Semana Santa de Cabanillas se sostiene en una mezcla de tradición, emoción y compromiso de los vecinos. Detrás de muchos de esos momentos hay personas que llevan décadas cuidando de los detalles para que nada se pierda. Y una de ellas es Javier Estella, cuya historia está ligada a la Guardia Romana y a los actos más singulares de estas celebraciones.
Estella estuvo 28 años participando activamente en organización de la Guardia Romana antes de apartarse por motivos personales. “Lo dejé cuando llevaba 28 años”, recuerda. Sin embargo, el vínculo con la tradición nunca desapareció. Tras un tiempo alejado por la enfermedad de su esposa, no dudó en volver a implicarse y echar una mano a Marco Lorente, encargado actualmente de la organización.
“Siempre hay que echar una mano si se puede”, afirma y reconoce que su presencia responde a algo más que la costumbre, el sentimiento que despierta la Semana Santa en el pueblo.
Una tradición que nace del pueblo
Para Estella, la clave de que estos actos sigan vivos año tras año está en la propia identidad de Cabanillas. “No sé cuál es el secreto exactamente, pero puede ser la costumbre que hay en el pueblo, la tradición… La gente lo siente como algo muy suyo”, explica “y eso es muy importante para seguir empujando”.
Aunque reconoce que los tiempos han cambiado y que muchos jóvenes aprovechan estos días para salir fuera, también observa con satisfacción que sigue habiendo relevo generacional. “Ahora tenemos un buen grupo de chavales, tantos que no pueden salir todos a la vez”, comenta.
La organización de los turnos recae en Marco Lorente, que coordina los relevos entre los distintos chavales para que todos puedan participar. “Marco es el que lo organiza todo para que unos salgan de Guardia, otros hagan el relevo del sepulcro… y al final todos acaban participando”, explica.
De soldado romano a organizador
La relación de Estella con esta tradición comenzó hace décadas, cuando se recuperó la Guardia Romana en el pueblo. “Empecé haciendo de soldado romano cuando se recuperó el acto. Lo impulsó el padre de Marco, Fernando Lorente, que cogió a algunos veteranos que ya lo habían hecho antes y a otros jóvenes. Entre esos jóvenes estaba yo”, recuerda.
Con el paso de los años fue asumiendo más responsabilidades. “Estuve unos diez años saliendo de soldado y luego, cuando me retiré, me quedé ayudando en la organización”, relata.
Una pasión que pasa de generación en generación
Si hay algo que emociona especialmente a Javier Estella este año es ver cómo la tradición continúa en su propia familia. Sus hijas, Nieves y Belén, también colaboran cuando hace falta. Pero la mayor ilusión llega con la participación de sus nietos. “Este año salen dos nietos de soldados”, cuenta con orgullo. “Víctor, que tiene 17 años, y Carlos, que tiene 21”.
Para él, ver cómo las nuevas generaciones se implican tiene un significado especial. “Después de tantos años y habiendo pasado ya hermanos y primos, que ahora haya dos nietos participando me satisface mucho. Es un orgullo”.














