Érase una vez una familia que esperaba con ilusión la llegada de las Navidades.
Cómo eran muy cristianos, celebraban el nacimiento de Jesús. Habían decorado la casa con adornos navideños y compraron ricas comidas como turrones y langostinos. Todos estaban alegres, especialmente los niños, que deseaban ver y abrir los regalos que les traerían los Reyes Magos.
Cada año, los niños pedían a los Reyes que les regalaran un perro pero, hasta ahora, nunca se lo habían traído.
Por fin llegó la noche de Reyes y los niños se acostaron temprano, después de dejar leche y galletas para los Reyes y sus camellos.
A la mañana siguiente, los niños bajaron corriendo las escaleras y se lanzaron a abrir sus regalos. Desenvolvieron una caja blanca con un enorme lazo azul y dentro apareció…¡un cachorro de labrador! Los niños lo abrazaron y acariciaron muy contentos y decidieron llamarlo Turbo pero, al día siguiente, se enteraron de que el cachorro era ciego. Los niños se decepcionaron mucho porque no podrían tirarle la pelota y que él la cogiera.
Pero, finalmente, los niños se dieron cuenta de que su cachorro era mucho más especial que cualquier otro y se volvieron inseparables.
Manuel Pérez Gormedino 5ºA
Un ayudante inesperado

Érase una vez, en un lugar muy próximo al polo norte, vivía un reno con una nariz muy diferente a la del resto de sus hermanos, ¡la tenía roja! Todos los demás renos, siempre se reían de él por su inmensa y colorida nariz. Cansado de tanta burla, decidió escaparse de su manada y caminar solo en busca de otro lugar dónde vivir.
Durante su camino, no encontró ni agua ni comida. Seguía caminando casi sin fuerzas hasta que empezó a escuchar unos aullidos. ¡Eran lobos salvajes! Él intentó escapar, pero los lobos lo acorralaron. Justo antes de que se lanzaran a morderle, apareció un hombre que espantó a los lobos y rescató al asustado reno. Ese hombre era Santa Claus, que estaba en el bosque buscando madera para poder fabricar los juguetes que luego repartiría a todos los niños del mundo.
Santa Claus, llevó al pobre reno a su casa, a la fábrica, para darle comida y bebida. El reno le contó que sus compañeros se burlaban de él por su nariz, y por eso se escapó en busca de otro hogar. Santa Claus, le dijo que ahí en su fábrica, nadie se burlaría de él, así que podría quedarse de ayudante. El reno aceptó. Como no tenía nombre, San Claus lo llamó Rudolph, y así fue como este reno se convirtió en el ayudante más famoso de Santa Claus, ayudándole a repartir los juguetes a todos los niños del mundo. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Liam Roberto Naula Gavilanez 5ºB
El mejor regalo

En un pequeño pueblo de La Rioja, vivía un niño llamado Manuel. Faltaba poco para Navidad, fecha que coincidía con su cumpleaños. Manuel tenía muy claro el único regalo que quería: una tablet.
Su abuela Carmen decidió hacerle unos guantes con lanas de colores. Los tejió con mucho cariño, pensando en su nieto. Llegó el día de su cumpleaños y Manuel se decepcionó al abrir su regalo y ver que sólo eran unos guantes.
Una semana después, nevó y al salir a jugar, Manuel se puso sus guantes nuevos. Todos sus amigos le dijeron que eran muy bonitos, y él sonriendo contestó: – Me los hizo mi abuela y ¡son el mejor regalo del mundo!
Arturo Varo Díez 5ºC
El boleto de los Reyes Magos

Llegaba Navidad y la familia García, formada por Jaime, Lorena y sus dos hijos Sofía y Marcos. Ellos vivían en Tudela, siempre jugaban a la lotería de Navidad con el mismo número, el número 28.131. Jaime siempre decía “Ya veréis como alguna vez va a ganar nuestro número”.
Era 22 de diciembre y llegaba el momento de la lotería, de repente grita Sofía: “¡Papá, papá! ha salido tu número en la lotería!”. Se pusieron todos súper contentos y fueron a cobrar su dinero pero no encontraban su boleto, buscaron por todos los sitios incluso en la basura, debajo de la cama, en los cajones… Perdieron todas las esperanzas en conseguir ese dinero.
Ya era 5 de enero y esa noche venían los Reyes Magos, Jaime pensó: “Ojalá vuelva ese billete”.
A la mañana siguiente tras el paso de los Reyes Magos por Tudela la familia despertó muy nerviosa pero a la vez triste por lo que había pasado. Vieron que los Reyes Magos les habían dejado una carta en la que ponía: Querida familia García, somos Melchor, Gaspar y Baltasar. Mirar dentro del bolsillo del abrigo rojo, allí os encontraréis una gran sorpresa.
Miraron en aquel bolsillo y allí encontraron el boleto que tanto buscaban.
-¡Esto es magia!- gritaron
Con todo ese dinero construyeron una panadería con el nombre de esa familia y desde ahora la familia García siempre tendrá en su corazón la magia de la Navidad.
Lucía Mellado Jiménez 6º A
Navidades distintas

Era una mañana de lluvia y estábamos pasando el fin de semana en casa de mi bisabuela en un pueblo pequeño de montaña. De repente sonó un ruido extraño que provenía del salón y en casa sólo estábamos mi padres y yo. Fuimos a ver qué era lo que estaba sonando y era el teléfono. Lo cogimos y resultó ser mi primo Daniel de Tenerife, que venía a pasar las navidades a Tudela. Todos nos pusimos muy contentos porque hacía mucho que no lo veíamos.
Pasaron los días hasta que llegó el 23 de diciembre. Teníamos que ir a buscarlo al aeropuerto y cuando llegamos nos encontramos con una sorpresa: Daniel iba acompañado de dos niños africanos, Juan y Lucas. Al día siguiente les enseñamos Tudela y el encendido de luces.
Ya se estaban acabando las Navidades pero aún faltaba lo mejor: ¡los Reyes!. Todos estábamos entusiasmados para que llegara el día y cuando llegó, nos llamó un amigo de mi madre para subirnos en la cabalgata con Baltasar. Cuando terminó, los niños se lo habían pasado genial.
Cuando Juna y Lucas se tuvieron que volver a su casa nos dimos cuenta de que no todos los niños son tan afortunados como parecen y no hay que ser tan egoístas..
Andrea Sevillano Pérez 6ºB
La Navidad y los Reyes Magos

Había una vez un niño llamado Álex , tenía ocho años y muchas veces se portaba mal, puesto que no hacía caso a sus padres y chillaba mucho.
Un día, sus padres le dijeron que si continuaba portándose así de mal, los Reyes Magos no le iban a traer ningún regalo.
Álex no les hizo caso y continuo portándose mal. Cuando llegó la Navidad, Álex comió en familia como todos los años, pero esta vez, el estaba más nervioso que otros años porque no sabía si iba a tener regalos.
Cuando fueron al árbol de Navidad y vio que le habían traído carbón, se puso triste y comprendió que era justo que no le trajeran los juegos que les había pedido en la carta porque su comportamiento no era adecuado.
Después de reflexionar y pensar lo que había pasado prometió a sus padres que se iba a portar mejor, que había aprendido la lección y así los Reyes Magos le traerán algún regalo por buen comportamiento.
Daniel Sesma 6ºC















