Érase una vez, dos niños llamados Aimar y Eneko. Ése día: estaban en casa con su niñera Martina.
La niñera tenía un libro muy especial que se lo leían de pequeña. Martina dejó el libro encima de la estantería. Aimar se subió a la espalda de su hermano Eneko y bajaron el libro. Pesaba tanto que se cayó y se rompió. Martina se enfadó mucho.
Los dos hermanos se fueron a su cuarto por el pasillo. Estaba oscuro, no había luz y de repente apareció el ser malo de la Navidad.
Este ser los llevó a su guarida secreta. Cuando se distrajo, escaparon.
De camino a casa se encontraron a un elfo que les dijo: “Tenéis que hacer un acto de voluntad” y si el día de Navidad teneis regalos, habréis salido de la lista negra.
Llegó el día de Navidad y bajaron de su habitación con mucha ilusión. Sus padres les dieren un fuerte abrazo.
Descubrieron que tenían muchos regalos, así que ya no estaban en la lista negra de Papá Noel. ¡Fue una Navidad perfecta!
Alda Azcona Pardo 4ºA
La desaparición de los elfos

Había una vez en una noche de Nochebuena, una niña llamada Andrea de 12, años con el pelo largo y castaño. Tenía los ojos marrones y pequeños con la nariz puntiaguda. Era un poco alta para su edad.
Andrea tenía una hermana llamada Claudia. Tenía 7 años y también el pelo largo y castaño, pero con las puntas un poco más rubias. Sus ojos eran pequeños y marrones; peo ella los tenía de un tono más verdoso. Sin embargo, ella tenía la nariz más redonda. Claudia también era alta para su edad.
En esa misma noche estaban cenando pronto para el día siguiente irse a Francia a pasar las Navidades. Cuando terminaron, ya lavándose los dientes, Claudia y Andrea escucharon un ruido inesperado que venía del salón. Se oían pasos fuertes como si los estuviera dando un gigante. Se iban acercando hacia el árbol de Navidad y vieron una sombra delante del árbol que tenía muchos regalos.
Claudia y Andrea se acercaron muertas de miedo. Cada vez la sombra era más y más grande. Encendieron la luz y resulta que era ¡Papá Noel!
Papá Noel no se esperaba que lo encontraran, entonces se asustó y se esfumó en un segundo. Pero claro, se llevó los regalos para que no los vieran. Claudia se puso triste porque pensaba que este año no iba a recibir regalos de Navidad. Porque como Papá Noel había venido a su casa y ella se iban a Francia, pensaba que se iba a olvidar de ellos.
Entonces fueron rápidamente a la cocina a contarle a sus padres lo que habían visto. -¡Papá, mamá no os vais a creer lo que hemos visto! – dijo Claudia a toda prisa: -Tranquila Claudia, habla más despacio por favor – dijo el padre intentando tranquilizar a la niña. A ver papá, hemos visto a Papá Noel dejando los regalos debajo del árbol de Navidad. Sus padres, Adrián y Nuria, se miraron mutuamente y, sin poder aguantarse más se rieron a carcajadas. Ellos pensaban que eso era imposible porque Papá Noel sólo deja los regalos cuando la gente está dormida y ellas no estaban dormidas; al revés, estaban super activas y nerviosas porque el día siguiente se iban de viaje.
Nuria le dijo a Claudia cariñosamente: A ver mi amor, no es posible que Papá Noel esté aquí a estas horas. Claudia llevó a su padre y a su madre al salón para ver si Papá Noel había dejado alguna pista.
Buscaron por todas partes y nada, no había nada. Pero Claudia no se rindió, y siguió buscando. Miró detrás del árbol de Navidad, y se encontró una carta que decía: Hola chicos, sé que vais a ir a Francia, lo que pasa es que este año estoy muy estresado porque mis elfos han ido desapareciendo y no me da tiempo a averiguar porqué. Así que he tenido que preparar los regalos yo mismo. Entonces tengo que hacerlo super rápido todo para que me dé tiempo a dejarlos. Los he intentado dejar ya pero como sois muy listas… “Escrito por Papá Noel”. ¿Ves? Te lo dije – dijo Claudia a su padre -. Vale, si tenías razón, pero hay que ir ya a dormir que es muy tarde.
Después en el aeropuerto había un niño que se comportaba de manera extraña. Pero ellos siguieron a lo suyo, eso sí, sin quitarle la vista porque era muy raro.
Una vez en el avión, Andrea fue al baño y se encontró a ese niño y con vergüenza le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y sin contestarle se fue, pero tenía un saco enorme y parecía que tenía cosas vivas ahí dentro porque se movía mucho.
Andrea le siguió para averiguar qué tenía ahí dentro. Cuando le alcanzó, resultó que tenía: ¡Los elfos de Papá Noel! Luego se sentó otra vez con sus padres y no les quiso decir nada. Una hora después ya habían llegado a Francia, y el chico también estaba allí.
Andrea descubrió lo que estaba pasando y le preguntó: ¡Eh! ¿Por qué tienes a los elfos de Papá Noel? Porque yo de pequeño no recibía regalos, solo carbón; mi madre decía que era porque me portaba mal. ¡Y sí, yo no podía recibir regalos entonces nadie podrá! —dijo el niño—. Bueno, pero eso era tu problema, y si quieres regalos entonces pórtate mejor—dijo Andrea. Eso al chico le hizo pensar, y avergonzado le dio el saco con los elfos y salieron volando para ir con Papá Noel. (Su familia se quedó aluinada).
Cuando llegaron al apartamento que habían alquilado, estaban los regalos de Navidad. Y había una nota que decía: Gracias chicos por devolverme a mis elfos, y tranquilos porque ahora el niño, que se llamaba Álvaro, es un buen chico y no va a volver a robar más. Firmado: Papá Noel.
Paula Sáez de Benito 4ºB















