En un lugar no muy lejano de aquí, vivía un niño llamado Daniel. Daniel era un niño normal como cualquier otro, con su notable en francés y su sobresaliente en inglés. Le gustaba mucho el deporte y todas las noches su padre le contaba cómo iban las diferentes guerras por el mundo. Por estas desgracias, en los últimos tres o cuatro años habían estado estudiando en su colegio niños de su edad refugiados y había convivido con ellos como si fueran uno más, que lo eran. Pese a todo, eran alegres y disfrutaban de las clases y de los recreos. Algunos de ellos ya habían formado parte de sus últimos dos cumpleaños.
Un viernes de diciembre, justo antes de las vacaciones de Navidad, vivió un acontecimiento que cambiaría su manera de ser y su forma de ver la vida para siempre.
Sexta hora de un viernes y el profesor de educación física, su asignatura favorita, les informaba de que cambiaban la clase por una charla sobre la generosidad. Él estaba agotado y con ganas de irse a casa. Pensó en fingir que estaba malo, pero sabía que los profesores no le creerían. No le quedó más remedio que aguantar. Se puso en última fila para que no se notara la pereza que le daba estar ahí. Entraron dos personas con traje, se presentaron y empezaron a hablar: hay que saber apreciar cómo y con quién hemos nacido… Pase lo que pase, tenemos la vida resuelta y ninguna complicación nos va a dejar desamparados… Aprender a dar las gracias es importante porque hay niños que no se imaginan una vida con necesidades primarias como comida, una cama, un hogar…
Dani se quedó pensativo. Le dolía el estómago… Viktor y Pablo estaban tras esas historias, pero no solo ellos, había tantos… Esa noche casi no pudo dormir.
A la mañana siguiente, sábado, 23 de diciembre, estuvo pensando en qué podía hacer él. Mientras le daba vueltas a aquella charla, su padre entró en la habitación y le sacó de sus pensamientos: ¿Has escrito ya la carta a Papá Noel?
-No, la hago ahora.
Como si alguien hubiera apretado un interruptor, la bombilla se encendió. En aquel momento lo vio claro: “¿Y si en su mano estuviera la posibilidad de cambiar la vida de uno de esos niños refugiados?” Entonces, recordó la cara de ilusión de Viktor al ver el coche teledirigido que una tarde de otoño le llevó su abuelo al colegio.
Sacó papel y boli y reescribió su carta. “Querido Papá Noel…”.
Daniel Nebreda Collar, 1ºESO A
La Navidad inesperada

Una chica llamada Carmen Jimena todos los años esperaba la Navidad ya que era una fecha muy especial para ella y para su familia, ya que pasaban momentos inolvidables juntos, aunque no fuesen muchos en la familia…, pero igualmente era lo que más valoraba, estar cerca de ellos en todo momento, pese a los caminos tan difíciles que tuvieron que enfrentar durante algunos años ella y su familia.
El martes 23 de diciembre, Carmen estaba emocionadísima ya que tan sólo quedaba un día para que volviera a ver a sus familiares y abrazarlos. Estaba preparando todo con su madre y su padre, que eran los que vivían con ella, aunque no tenían mucho para preparar ya que sus padres no tenían un rendimiento económico estable…, pero aún con todo se querían tanto que eran como corazones andantes y eso era lo que más importaba.
Después de muchos saltos preparándolo todo y una noche sin dormir llegó el día, el mejor día del año, el día que Carmen estaría con su familia disfrutando. Pasaron las horas: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8 horas hasta que un rato después llegó el momento, ya había sonado el timbre.
Están ya en la puerta. Carmen sintió escalofríos, pero no dudó en abrir la puerta y darle un abrazo fuerte a sus primos, tíos, etc…, pero unos segundos más tarde llegó a darle un abrazo a su prima y ella le rechazó como todos los años ya que era “su tradición”, ella ya estaba acostumbrada a que le rechazara. Cuándo se sentaron a hablar vio que constantemente su prima se iba a la habitación con el móvil. Carmen no dudó en acercarse a esa habitación y preguntarle, pero como esperaba no hubo respuesta alguna.
Le notó la mirada diferente, llorosa. Y desde que vió eso se preocupó mucho y le dijo con claridad: “no me voy hasta que no me digas qué te pasa, puedes contármelo todo”. Y ella se lo contó porque no tuvo otra opción, llorando le dijo: “es que yo quiero regalos guays como las chicas de mi clase, cosas que están de moda…”. Carmen sonrió y le dijo: “piensa y recapacita que todo lo que te parece guay o te gusta lo tienes en la cabeza, pero en tu corazón está lo más importante, tu familia, amistades buenas, gente especial…, piénsalo te espero en el salón”.
Después de un rato recapacitando lo pensó con otra perspectiva y no dudó en ir con su familia. Allí se dió cuenta de que su prima tenía razón. A veces los consejos ayudan mucho.
Pasó una noche maravillosa riendo, cantando, saltando y sobre todo sonriendo con el corazón.
Por eso con un granito de arena le cambió la perspectiva para bien y así poder afrontar durante el año todo lo que hubiera que soportar, pero mientras que estaba con ellos todo era felicidad, ya que ha tenido unos padres maravillosos y un amor de familia.
Y desde entonces todas las navidades apagó el móvil y disfrutó con su familia..
Isabel García Martínez, 1º ESO E















