📷 Cristina Malumbres
Cabanillas ha vuelto a vivir durante todo el fin de semana la séptima edición de El Gallinero. Tres días de teatro, música y propuestas escénicas con una respuesta notable del público y con las plazas de la localidad ribera convertidas, una vez más, en el mejor de los escenarios.
Desde el viernes hasta el domingo, vecinos y visitantes han podido disfrutar de una programación variada que ha hecho reír, sorprenderse, emocionarse y aplaudir al público con lenguajes y géneros muy diferentes.
Una de las imágenes más especiales de esta edición ha vuelto a producirse por la noche, al amparo de la iglesia de San Juan de Jerusalén. Su entorno ha terminado por convertirse en un elemento más de las representaciones, aportando una atmósfera única al festival.
Los pases nocturnos ha reunido, además, a un público especialmente numeroso, que llenó el espacio situado a los pies del templo y ha permitido disfrutar de una de las señas de identidad del festival, un teatro cercano y sin apenas barreras entre intérpretes y espectadores.
Por Cabanillas han pasado propuestas como Amour Electrique, de la compañía francesa Neige Scariot; Archipiélago, de Begoña Caparrós; la adaptación de Rebelión en la granja de Alopargo Teatro; Perra Cimarrona. La Indómita, de Lucía Trentini; el espectáculo familiar Ricky, el profesor de tenis, de José Luis Redondo; y El Testamento de María, con Ana Saracho y producción de Arteria Producciones.
Una noche de sábado que se alargó con Chula
El Festival El Gallinero de Cabanillas dio paso también a la música durante la noche del sábado. El concierto de Chula en la Sala de Cultura se convirtió en otro de los momentos destacados del fin de semana. La banda se volcó con la actuación y terminó conquistando a un público que respondió desde el primer momento y decidió prolongar la noche hasta bien entrada la madrugada.

El Festival El Gallinero de Cabanillas baja el telón de su séptima edición después de un fin de semana en el que el público no ha fallado y en el que Cabanillas ha vuelto a demostrar que una plaza, en entorno de una iglesia o la sala de cultura pueden convertirse en el mejor de los escenarios para disfrutar de una cultura al alcance de todos los públicos.












