Edgar Ayala Tudela, curso del 24
Edgar Ayala Ruiz
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El castejonero residente en Pamplona, Edgar Ayala, lleva escribiendo desde hace muchos años en páginas web, sobre todo críticas de cine y artículos de opinión. “Hasta que me decidí a crear una novela. En 2017 me publicaron la primera, El vampiro de San Francisco, y en 2021 la segunda, Conexión letal”.

Tudela, curso del 24 se sitúa en un entorno educativo muy reconocible. ¿Qué fue lo que te impulsó a escribir esta historia?
En varias ocasiones me han preguntado por qué siempre mis historias se desarrollan en los Estados Unidos, así que me propuse recrear un relato en el colegio en el que estudié, donde pasé años muy gratos.

¿Cuánto hay de experiencia personal y cuánto de observación en la novela?
Todo lo que sucede en la novela es ficción. Es cierto que me han influido muchas noticias que a lo largo de los años he leído acerca del bullying escolar o del descontento de los profesores con las continuas reformas educativas, pero las situaciones parten de mi imaginación. Sí son reales la mayoría de los escenarios en los que se desarrolla la historia, aunque alguno, como el pub de moda, es inventado.

¿Por qué elegiste Tudela como escenario y qué te permitía contar que quizá otro lugar no?
Porque es una ciudad que conozco muy bien. Estudié allí BUP y COU y, además, tengo bastante familia y amigos, por lo que la visito muy a menudo.

Creo que la novela aborda el acoso escolar, la ansiedad docente y la fragilidad de la autoridad. ¿Crees que la escuela está reflejando las grietas de la sociedad actual?
En parte, sí. Desde la existencia de las redes sociales el acoso en los centros educativos ha ido in crescendo. Por otra parte, son situaciones difíciles de demostrar. Y no solo eso, he conocido casos en los que algunos centros han preferido tapar el problema para evitar la publicidad negativa. Eso deja en una posición muy difícil tanto a las víctimas como a los profesores.

El aula aparece casi como un microcosmos social. ¿Es ahí donde hoy se hacen más visibles los conflictos contemporáneos?
Es lo que los estadistas denominarían una muestra representativa. Se trata de un nutrido grupo de alumnos y cada uno de ellos ha recibido una determinada educación por parte de su familia y de su entorno. En ese sentido, los estudiantes son un reflejo de la realidad.

Hablas de “violencia sutil” ejercida por las instituciones. ¿A qué tipo de violencia te refieres?
Sobre todo, al estrés provocado por el exceso de trabajo, la máxima exigencia y la falta de personal. Eso puede desembocar en un sinfín de problemas.

Jaime Vega es un profesor meticuloso, amante del orden. ¿Por qué te interesaba un protagonista aparentemente tan contenido?
Cada personaje tiene su propia personalidad. Jaime es el ejemplo de alguien que se ve metido en problemas por ser diferente a los demás. Tiene sus propias ideas, es librepensador y eso molesta. Es así de contenido porque en su juventud fue víctima de acoso y eso le provocó un trauma, traducido en una inseguridad constante en su vida adulta.

La llegada de Bill Martel lo altera todo. ¿Qué simboliza este personaje dentro de la historia?
Bill me ayuda a generar suspense. Me encanta tener en vilo al lector y darle qué pensar. Es un joven muy enigmático, de tal manera que uno no sabe si se trata de un héroe o de un villano.

En el libro aparecen la corrección política, la hipocresía institucional y el miedo a señalar. ¿Es más difícil hoy decir ciertas verdades?
Cada vez más, porque en la actualidad, cuando se da una discusión, no se busca llegar a algo ni escuchar los argumentos de tu oponente, sino de intentar ganar y tener razón a toda costa. Y quien emita una opinión que no vaya en consonancia con la mayoría, por muy bien que la argumente, se ve absorbido por un mar de ataques.

Has optado por no caer en el discurso panfletario. ¿Crees que la literatura tiene más fuerza cuando sugiere en lugar de sentenciar?
Todo en esta vida tiene diferentes puntos de vista y hay que respetarlo. Lo que para mí está bien para ti puede ser cuestionable y ambas opiniones son válidas. Trato de hacer pensar al lector. Me parece mucho más interesante que intentar imponer nada.

La novela combina ritmo cinematográfico con hondura psicológica. ¿Cómo trabajaste ese equilibrio?
Soy un amante del cine. Siempre está presente en mis novelas. Los capítulos cortos, de hecho, se asemejan a las secuencias de una película. Creo que eso confiere dinamismo al relato. Pero no se trata de un guion para un filme, sino de un libro. Eso me permite trabajar a fondo los personajes y que el lector conozca sus miedos, sus deseos y su visión de la vida. Creo que definir bien a los distintos caracteres es fundamental para poder desarrollar la historia. Voy efectuando esa definición de manera escalonada, así no solo no saturo a nadie, sino que también hago que el público se vaya enganchando a cada personaje.

¿Qué autores o referentes han influido en esta manera de narrar?
De Dean R. Koontz me viene el gusto por la combinación de géneros. De Anne Rice la manera de estructurar una historia. Y de Alejandro Dumas la pasión que generan las historias de venganzas y justicia. Pero también me ha influido mucho el cine, en concreto el director Alfred Hitchcock, de tal manera que suelo escribir en clave de thriller.

Dices que vivimos en una sociedad saturada de normas, pero vacía de principios. ¿Es esta novela una forma de explorar esa contradicción?
Es lo que he comentado antes acerca de los librepensadores. El profesor Jaime Vega es el principal ejemplo: piensa por sí mismo, pero teme decir lo que pasa por su cabeza por miedo a las repercusiones que pueda generar en su entorno laboral.

¿Qué te gustaría que se llevara el lector al cerrar el libro?
Lo más importante, por encima de cualquier otra cosa, es que lo haya disfrutado. Que se lo haya pasado tan bien que le hayan entrado ganas de comenzar otra novela. Leer es esencial. Ayuda a desarrollar diferentes áreas del cerebro y a imaginar. En un mundo en el que la mayoría de la población está viendo vídeos de redes sociales a todas horas desde el móvil, es primordial que se vuelva a la lectura.

Si Tudela, curso del 24 generara debate en los centros educativos, ¿te darías por satisfecho?
Ya lo creo. Significaría que he sido capaz de aportar mi granito de arena al difícil mundo de la educación.