Diego en un momento de su primer día de ensayo colgado del arnés

Toda la ciudad pondrá sus ojos sobre Diego Martón Arriazu el próximo domingo 9 de abril. El pequeño, de  8 años de edad, recoge este año el testigo de la centenaria tradición de la Bajada del Ángel de Tudela, seña de identidad de la ciudad.

Diego dejó aparcada la timidez, si llegó a tenerla en algún momento, en febrero del año pasado, cuando lo eligieron como Ángel suplemente. Desde entonces ha sido todo un ejemplo de desparpajo y felicidad. El pasado 10 de marzo protagonizaba su primer ensayo colgado del arnés y se plantaba en casa de Pachi Gambra y Pili Arregui con una sola duda, «¿es por aquí?», preguntaba en la puerta antes de adentrarse en el domicilio con una inusitada decisión para su edad y afanarse en su tarea.

El pequeño lleva ensayando desde el 25 de enero y domina su papel a la perfección. Como todos, le pone su toque personal, en su caso el de un Ángel inquieto con un ramalazo de nervio. Es un Ángel nativo digital que se sabe observado por las cámaras, los dispositivos móviles, que todas sus hazañas saltan en minutos al universo digital, y mira a los dispositivos con una sonrisa que conquista a todos.

Conoce las tradiciones desde pequeño

Diego es hijo de dos dantzaris tudelanos del Paloteado de San Juan, Oscar Martón y Marta Arriazu, y ha vivido las tradiciones desde pequeño. Los gigantes de Perrinche o los Alabarderos forman parte de una infancia a la que ahora se suma la tradición más importante de la ciudad, la Bajada del Ángel.

El año de espera no ha hecho sino acrecentar sus ganas y determinación por asomarse al templete de la Casa del Reloj. Se nota que todo lo que le rodea estos días en torno a la ceremonia le hace feliz. Hablar del Ángel hace que la sonrisa aparezca en su rostro revelando las ganas que tiene de protagonizar la ceremonia.

Sus padres, su hermana Silvia, y sus abuelos siguen el ensayo con emoción. El vaivén del vuelo, los aleluyas, la banda sonora del himno, la corona, el silencio, el alégrate María…, las horquillas, buscar la bolica del velo, retirar el luto… un ritual que se repite una y otra vez solo interrumpido por las recomendaciones de «con calma» y «tranquilo» que le susurran Miguel Vallejo y Ana Mari Arregui.

El domingo 9 de abril será su momento y se harán realidad dos ilusiones. Será Ángel de Tudela y pasará a formar parte de la historia al protagonizar la tradición más antigua de la ciudad. La segunda será verse escoltado por los alabarderos del Centro Cultural Miguel Sánchez Montes, una agrupación a la que ansía sumarse cuando sea mayor.

Ensayo  de la Bajada del Ángel de Tudela