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Fundada en 1997, la Charanga Riau Riau se ha consolidado como una de las agrupaciones festivas de referencia de la Ribera de Navarra, con presencia habitual en celebraciones de nuestros municipios y actuaciones también fuera de la Comunidad foral. Su actividad, que puede superar el centenar de citas por temporada, exige a sus músicos una preparación continua, la incorporación de nuevos temas y una capacidad de adaptación que convierte a esta charanga en una pieza imprescindible del ambiente festivo de calles y plazas.

Manolo Frías, uno de sus integrantes, recuerda que el grupo nació de manera casi natural. Cuatro músicos procedían de una formación anterior y, junto a otros compañeros, fueron dando forma a la charanga. «Nos juntamos ocho o nueve más y hasta que hicimos la charanga. Llevamos desde el 97 juntos», recuerda.

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Casi tres décadas después, varios de aquellos músicos continúan formando parte de una agrupación integrada por componentes de diferentes localidades de la Ribera. Los kilómetros y las horas compartidas han terminado haciendo el resto. «Llevamos juntos un montón de años».

Mucho más que salir a tocar

La imagen de la charanga recorriendo una calle puede transmitir cierta improvisación, pero la realidad actual es muy distinta. Las agrupaciones se han profesionalizado y el nivel musical que demanda el público ha aumentado considerablemente. «Antes eran melodías de sota, caballo y rey en las fiestas de los pueblos. Ahora está todo muy preparado y hay que ensayar mucho en invierno», explica Frías.

La Riau Riau aprovechará los meses de invierno para incorporar nuevos temas y actualizar un repertorio que debe reconocer un público acostumbrado a escuchar durante todo el año los últimos éxitos musicales. Internet ha facilitado parte del trabajo, asegura Frías. Hoy resulta mucho más sencillo acceder a partituras y arreglos, algo muy diferente a los primeros años del grupo, en los que recuerda haber pagado todavía en pesetas por disponer de determinados arreglos musicales. «Me acuerdo de pagar 25.000 pesetas por un arreglo de dibujos animados. Era una pasada, un popurrí buenísimo, pero había que pagarlo».

La experiencia de aquellos años también les enseñó a desenvolverse cuando los recursos eran menores. «Nosotros somos de los de antes, cuando había que resolver la papeleta con pocos recursos», bromea, antes de recurrir a una comparación futbolística. «Ahora parece que te enseñan de lateral derecho y no puedes jugar de centrocampista; nosotros jugamos de todo».

Esa versatilidad es especialmente valiosa en la calle. Porque una charanga no se limita a interpretar correctamente una partitura. Sabe qué canción puede enganchar a una cuadrilla y cómo conseguir que quienes están alrededor terminen sumándose a la fiesta instrumental.

Una temporada que ya dura doce meses

Frías recuerda que durante años el grueso de las actuaciones se concentraba en verano. Hoy prácticamente no existe temporada baja. «Empiezas en enero con la Tamborrada, luego febrero con los carnavales, en marzo ya empiezan fiestas, las Fallas… ahora todos los meses hay algo», resume.

La agenda de Riau Riau supera algunas temporadas las 100 actuaciones, con una presencia habitual en numerosas fiestas de la Ribera y desplazamientos que a lo largo de los años les han llevado mucho más lejos. Han tocado en las Tamborradas de San Sebastián, durante años han viajado a las Fallas, carnavales de Sitges y muchos pueblos  de Castilla y León, entre otros destinos.

El ingrediente para sobrevivir a ello lo resumen con humor. «Con paciencia y conociéndonos mucho». Y añade una de esas reglas no escritas que solo proporcionan los años. «Tenemos la suficiente veteranía como para que cuando uno no puede venir, no preguntarle nada».

Cada pueblo tiene su manera de vivir la fiesta

Después de tantos años recorriendo celebraciones, los músicos saben cómo responde cada localidad y qué le gusta a su gente. «Hay muchísima diferencia entre nuestros pueblos y vecinos. Más de la que parece», asegura Frías que, eso sí, renuncia a establecer clasificaciones entre los mas marchosos.

Al final, explica, cada municipio tiene su propio ritmo, sus costumbres y su manera de relacionarse con la música. Y, después de cientos de fiestas, tiene la certeza de que para cada uno «tu pueblo es sagrado y es el mejor».

El próximo año la charanga Riau Riau celebrará su 30 aniversario y, de nuevo tirando de humor, Manolo Frías lanza un reto, que algún día alguien les haga «un tributo a la Charanga Riau Riau», una buena idea para devolverles parte del ambiente que han puesto en nuestras calles durante todos estos años.

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