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Un momento del encuentro del pasado 24 de septiembre
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Cerca de cincuenta madres y padres de Tudela y de localidades como Villafranca, Murchante, Milagro y Funes participaron el pasado jueves 24 de septiembre en el encuentro «¡Empezamos! De familias preocupadas a ocupadas», celebrado en el Centro Cívico Lestonnac, para compartir experiencias y buscar alternativas a la entrega temprana del smartphone. La sesión corrió a cargo de Tatsiana Lótvina, de Reconecta Tudela, grupo motor de Adolescencia Libre de Móviles en Navarra (ALMNa) en la Ribera, y de Susana Heredia, presidenta de la asociación regional.

Lo que preocupa a estas familias no es el teléfono como medio de comunicación, sino lo que llega con un smartphone: acceso permanente a internet, difícil de supervisar incluso con las mejores intenciones, a una edad en la que el menor todavía no ha terminado de desarrollar la capacidad de autorregularse. Las sociedades de pediatría vienen advirtiendo de sus efectos sobre la salud de los menores: peor descanso, más sedentarismo, mayor irritabilidad y más riesgo de ansiedad y problemas de autoestima.

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A ello se suma lo que dejan de hacer mientras tanto. Las habilidades sociales se entrenan cara a cara, y las horas que absorbe la pantalla se restan del juego, del aburrimiento y del conflicto con otros niños, que es donde se aprenden. Y en plena construcción de la propia identidad, el espejo deja de ser el grupo de amigos para pasar a ser el contenido de creadores profesionales, diseñado para captar atención y vender, contra el que ningún preadolescente o adolescente puede compararse sin salir perdiendo. Por eso el momento de la entrega resulta decisivo: cuanto antes llega el dispositivo, menos preparado está quien lo recibe.

El encuentro presentó los datos del cuestionario de familias, que el curso pasado pasó de ocho respuestas en toda la Ribera a más de setecientas. Los resultados sitúan a la comarca por delante de la media navarra en precocidad de entrega: en el paso de sexto de primaria a primero de la ESO la proporción de menores con smartphone propio se multiplica por tres.

Frente a ese panorama, el encuentro recogió el testimonio de familias de Reconecta Villafranca. Se pusieron de acuerdo cuando sus hijos e hijas estaban en primaria y hoy esos niños y niñas cursan secundaria desplazándose a otra localidad, sin smartphone propio y sin sentirse aislados, pese a que lo habitual es que la entrega se produzca justo en ese paso. El colectivo subraya que ese resultado no se dio de forma espontánea, sino porque varias familias lo hablaron y decidieron a la vez.

Toda familia que se plantea esperar se hace dos preguntas: si su hijo se quedará al margen y cómo podrá comunicarse con ellos si lo necesita. Desde Reconecta Tudela responden que las dos tienen la misma raíz y la misma solución, y que para ninguna es imprescindible un aparato con internet. «La alternativa al smartphone son otros niños disponibles y otros adultos cerca», explican. «Un niño sin smartphone rodeado de veinte que sí lo tienen se queda solo. Si cinco familias de la misma clase esperan juntas, tienen una cuadrilla. Y lo que un niño necesita no es un teléfono propio, sino la certeza de que, si pasa algo, va a encontrar ayuda.»

Para eso señalan recursos de comunicación que ya existen: el teléfono fijo de casa, los teléfonos de los adultos de su entorno, un móvil básico de llamadas y mensajes sin acceso a internet, un reloj sin cámara, sin internet y sin aplicaciones de mensajería y la iniciativa «Llama a casa», a la que se van sumando comercios que ofrecen su teléfono a cualquier menor que lo necesite.

El colectivo llama a las familias de la Ribera a coordinarse y firmar el Pacto de Familias, un compromiso voluntario y anónimo de no entregar un smartphone durante este curso escolar. La idea es sencilla: cuantas más familias esperen juntas, menos presión entre iguales soporta cada niño. Puede firmarse en almna.org. Reconecta Tudela insiste en hablarlo ahora, al inicio de curso, y no en primavera, cuando se concentra la mayor entrega de primeros dispositivos.

Retrasar, subrayan, no sustituye a educar: es lo que da tiempo a hacerlo. «El código de circulación se aprende antes de salir a la carretera, no después», explican. «Se puede enseñar a un niño qué hay detrás de una red social, qué hacen con sus datos o qué hacer si un desconocido le escribe, acompañándole en el dispositivo de un adulto, sin necesidad de ponerle un smartphone propio en la mano a los once años.» A las familias que ya lo han entregado les recuerdan que no llegan tarde: hay recursos disponibles que ayudan a establecer límites y un acuerdo de uso por escrito en casa.

Reconecta Tudela agradece la participación de las familias, la colaboración de los centros educativos y al Ayuntamiento de Tudela la cesión del espacio, y queda a disposición de centros, APYMAs e instituciones que quieran organizar charlas o poner en marcha iniciativas propias. «Retrasar es ganar tiempo para seguir educando hasta que estén preparados», resumen.

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