Imaginar algo distinto Antígona
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El teatro como herramienta de prevención del suicidio juvenil. Esa es la premisa de la obra de teatro “Imaginar algo distinto (o después de Antígona)”, que se representa este domingo 6 de septiembre, a las 19:00 h., en el salón de actos del IES Benjamín de Tudela.

Esta obra de teatro está dirigida a edades a partir de 12 años, público joven, familiar y comunidad educativa y forma parte del dispositivo de mediación cultural que Fundación Proponte y Asociación Ponte (Sevilla) y Galkidea (Navarra) han desarrollado tras más de veinte años acompañando las problemáticas de los jóvenes. Desde ese recorrido nace una convicción sencilla: el teatro no puede sustituir a la salud mental, pero sí puede abrir el espacio donde una comunidad vuelve a encontrarse para cuidar la vida. Es desde ahí desde donde este proyecto se dirige específicamente a la prevención del suicidio juvenil.

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Esta iniciativa artística y social, protagonizada por veintiocho jóvenes, une a dos comunidades artísticas de dos territorios distintos: jóvenes intérpretes formados en Sevilla junto a la Fundación Proponte y jóvenes de la incubadora de la cooperativa Navarra Galkidea. En cada representación, catorce de ellos se suben al escenario para poner en escena la obra.

No se trata de una coproducción sobre el papel, sino un elenco realmente compartido: durante el mes de agosto de 2026 ambos grupos han convivido en una residencia de creación en el Albergue de Guetadar (Navarra), donde han construido juntos la pieza y unificado el lenguaje físico y el entrenamiento corporal. Después del estreno en Berriozar, este domingo llegan a Tudela.

El año pasado, dentro de esta misma iniciativa, se puso en escena «Voces en Rebeldía», que tuvo una gran acogida en nuestra ciudad.

La obre: Antígona / Ismene

No vuelve a contar el mito de Sófocles. Lo atraviesa. Parte de una pregunta urgente: ¿cómo acompaña una generación a quienes sienten que ya no pueden sostener el peso de vivir?

Durante siglos admiramos a Antígona por su valentía: la convertimos en símbolo de quien está dispuesto a morir por lo que ama. Dejamos a Ismene a un lado de la historia, casi como sinónimo de prudencia o tibieza. Pero Ismene sufre exactamente lo mismo que su hermana: el mismo padre, la misma madre, los mismos hermanos, la misma casa maldita. La diferencia no es que sufra menos —es que decide no aferrarse a ese sufrimiento para seguir repitiendo el mismo patrón de destrucción. Quizá nos equivocamos de heroína.

Vivimos hoy una crisis de salud mental creciente entre adolescentes y jóvenes: ansiedad, soledad, polarización, la exigencia permanente de ser perfectos. En ese contexto, la pregunta ya no es quién tiene razón, sino cómo permanecer junto a quien sufre sin dejar de creer que otro futuro es posible.

Antígona/Ismene nace precisamente ahí. No es una adaptación del clásico: es una conversación entre un mito de dos mil quinientos años y una generación que intenta imaginar una salida distinta.

Vivimos un tiempo que nos invita constantemente a elegir un bando, también cuando hablamos de salud mental: buscamos respuestas rápidas, culpables claros, posiciones firmes. Pero lo que nos enseñan las personas a las que acompañamos desde hace más de veinte años es otra cosa: que el sufrimiento rara vez cabe dentro de una certeza. Quizá por eso volvimos a Antígona. No para encontrar respuestas en un mito antiguo, sino para hacernos una pregunta contemporánea: ¿cómo seguimos construyendo comunidad cuando las certezas dejan de servirnos?

Por eso este proyecto no habla solo de salud mental: habla de cómo construir comunidades capaces de sostener la vida cuando los modelos heredados, la polarización y las respuestas simples ya no bastan.

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