pedagoga Ana Córdoba
Ana Córdoba
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La pedagoga, al frente de AYC Gabinete Pedagógico, analiza las principales dificultades que encuentran los escolares y ofrece algunas pautas a las familias para afrontar el nuevo curso, desde la comprensión lectora hasta el uso de las pantallas.

¿Qué trabajo desarrolláis en AYC Gabinete Pedagógico?
Trabajamos todo lo relacionado con la formación escolar: clases de apoyo de asignaturas concretas, problemas de aprendizaje, dificultades de habla y lenguaje… Atendemos las necesidades que pueden surgir en las diferentes etapas educativas, desde los más pequeños hasta Bachillerato.

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¿Cuáles son las principales demandas de las familias?
Hay mucha demanda relacionada con la comprensión lectora. También encontramos problemas de habla y, en cuanto al apoyo escolar, las asignaturas básicas de siempre, como Lengua y Matemáticas.

¿Por qué es tan importante trabajar la comprensión lectora?
Porque no consiste simplemente en leer un texto y contestar unas preguntas. Implica saber organizar la información, tener un vocabulario suficiente para inferir aquello que no está escrito y ser capaz de pensar sobre lo que se está leyendo.

Además, se sustenta en aprendizajes previos: una buena mecánica lectora, vocabulario y experiencias que permitan relacionar la información nueva con lo que ya conocemos. Por eso es algo muy complejo y, cuando existen dificultades, el trabajo puede ser largo.

Llevas 28 años trabajando con niños. ¿Has notado cambios en las nuevas generaciones?
Yo diría que los problemas propios de cada etapa siguen siendo bastante parecidos. Quizá donde sí veo cambios es en los padres y en la manera de afrontar determinadas situaciones. Creo que son más protectores.

También tengo la sensación de que se insiste menos en determinadas habilidades sociales básicas, como decir «por favor», «gracias» o «buenos días». No han desaparecido, pero creo que se les da menos importancia y son cuestiones fundamentales.

¿Y qué papel están jugando los móviles y las pantallas?
Es un tema muy complicado El cerebro de un niño no está maduro para gestionar determinadas cosas y, además, muchas veces los padres no sabemos exactamente qué está viendo nuestro hijo.

El móvil también les quita tiempo para otras cosas. Cuando son pequeños tienen que jugar, jugar al aire libre y desarrollar la imaginación. Esa imaginación después les sirve para comprender un texto, hacer una redacción o resolver problemas.

¿Qué consejos darías a las familias de cara al nuevo curso?
Que sean más autónomos y que les dejemos equivocarse. Que sean capaces de resolver sus pequeños problemas cotidianos para que después puedan enfrentarse a otros más complejos. Eso les ayuda a adquirir recursos.

También necesitan límites claros y sentido común. Y soy una gran defensora del aburrimiento. El aburrimiento le obliga a generar algo para salir de él, a imaginar y a ser creativo. A veces, cuando un niño dice «me aburro», nuestra respuesta es darle el móvil. Y no debería ser así: el juego y el aburrimiento también son necesarios para crecer.

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