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El convento, el primer largometraje de los cineastas riberos Luis Galindo y Ángel M. Chivite, llegará a las salas el próximo 10 de julio. La película, producida por Elcon Films, supone un debut ambicioso tras la selección del largometraje en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Montevideo.

Chivite y Galindo. Fotos: Bergasa/Aldanondo

El proyecto cinematográfico está estrechamente vinculado a la Ribera de Navarra. Tanto Galindo, natural de Tudela, como Chivite, de Cintruénigo, apostaron desde el inicio por rodar en su tierra. Así, enclaves como Villafranca y Fitero se convierten en escenarios clave de una historia inquietante que transcurre casi en su totalidad entre muros conventuales. El rodaje tuvo como epicentro el convento de El Carmen de Villafranca, además del claustro del monasterio de Fitero, que aporta una atmósfera cargada de historia.

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Sinopsis

La película nos traslada a un pequeño convento donde llegan dos jóvenes postulantes, Lucía y Ana María, interpretadas por Carmen Arrufat y María Mercado. Lo que en un principio parece un espacio de recogimiento pronto se transforma en un escenario opresivo, marcado por sucesos extraños y perturbadores. Allí conocerán a Sor Águeda, encarnada por Ana Álvarez, una madre superiora con fama de obrar pequeños milagros, pero que esconde una cara mucho más oscura.

A medida que avanza la trama, el convento se convierte en un lugar cerrado del que resulta difícil escapar. La tensión crece entre rituales, secretos y una presencia maligna que amenaza con materializarse. Las protagonistas deberán enfrentarse no solo al horror que las rodea, sino también a sus propios límites para sobrevivir.

Basada en algunos hechos reales

El origen de la historia se remonta a una visita de Luis Galindo a un convento de clausura abandonado. Aquella experiencia, marcada por el silencio y la inquietud del lugar, fue el germen de una idea que más tarde compartiría con Chivite. Ambos encontraron en ese ambiente el punto de partida perfecto para construir un thriller con elementos de terror, un género que consideran con gran tirón entre el público.

Durante el proceso creativo, descubrieron además un episodio real ocurrido en Navarra en el siglo XVIII, conocido como el caso de las “monjas satánicas de Corella”. Aunque la película no es una recreación de aquellos hechos, sí toma algunos elementos como inspiración para enriquecer su universo narrativo.

El guión, firmado por el tudelano Jesús Córdoba, se ha podido desarrollar con el apoyo de las ayudas del programa General Zinema del Gobierno de Navarra, que también ha respaldado la producción y ha permitido que este proyecto haya podido dar el salto a un largometraje que ya ha conseguido proyección internacional.

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