Vera y Erick
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El Paje y el Ángel son dos de los emblemas de la Semana Santa de Cabanillas. Este año, los niños Erick Arregui del Frago y Vera González Sorribas serán los protagonistas de estos personajes, manteniendo viva una tradición que une historia, tradiciones familiares que son un orgullo para la localidad.

Para los vecinos de Cabanillas, la Semana Santa va más allá de lo meramente religioso, es una tradición que se transmite de generación en generación, y que los más jóvenes asumen con entusiasmo. Este año, Erick Arregui, de siete años, será el Paje de la Guardia Romana y acompañará a los soldados en los relevos de custodia del Cristo, en la procesión del Viernes Santo y en la captura y ajusticiamiento de Judas.

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“Lo que más me gusta es el día de Judas, porque es muy gracioso”, confiesa el pequeño Erick, que estos días ultima ensayos y repasa cómo desempeñar su papel. “Es muy guay, y me lo paso súper bien”, reconoce con entusiasmo sin ocultar la ilusión que siente por participar en uno de los actos más esperados al perseguir a Judas en la plaza el Domingo de Resurrección.

La madre de Erick, Laura del Frago, reconoce que su hijo vive estos días con gran ilusión. “Es un niño muy extrovertido y alegre. No se lo pensó nada, enseguida dijo que sí cuando le preguntamos si quería ser el Paje. Además, su padre y su tío también fueron romanos, así que es algo que ha sentido desde pequeño”, comenta con orgullo.

Vera, el Ángel que retira el luto a la Virgen

Por su parte, Vera González Sorribas, de ocho años, interpretará el papel del Ángel, una tradición que tiene un valor muy especial en su familia. Su bisabuela ya encarnó el papel del Ángel cuando era niña, y desde entonces la ceremonia mantiene un estrecho lazo que la familia mantiene vivo hasta hoy.

Vera recuerda que fue su tía la que le planteó la posibilidad de interpretar al Ángel. “Me preguntó si quería hacerlo, y yo dije que sí”, cuenta Vera que en pocos días ya había aprendido los versos que se recitan en la ceremonia.

Heredera de una tradición

La historia del Ángel en la familia de Vera González Sorribas es un vínculo que une a varias generaciones y mantiene viva una tradición que han protagonizado las mujeres de su familia durante casi un siglo. Sol Mateo, tía de Vera, reconoce que participación en la ceremonia es más que una responsabilidad, un orgullo que se transmite de madres a hijas desde hace décadas. “Mi abuela, Amparo, bisabuela de Vera, empezó a participar en la ceremonia en 1931 cuando tenía apenas seis años. Por aquel entonces no había versos; simplemente se cumplía con la tradición de retirar el velo. Luego, a lo largo de los años, se incorporaron los versos y la ceremonia fue tomando la forma que conocemos hoy”, explica.

Durante la Guerra Civil, recuerda, la continuidad de la tradición se mantuvo a pesar de las dificultades, y en 1976, con la colaboración de Don Juan Antonio Melero, se recuperó de manera formal. Fue entonces cuando comenzaron a recitar los versos que desde entonces se han convertido en un elemento central de la representación. Desde entonces, las niñas de la familia han seguido este camino y cada generación ha asumido el papel del Ángel con orgullo, aprendiendo los versos y el ritual de la procesión desde pequeñas.

Las chicas de la familia sacaban el velo y los chicos portaban a la Virgen

Sol destaca que la ceremonia no solo tiene un valor religioso, sino que también es un símbolo de identidad. “Para nosotros es muy importante que sea una niña de la familia la que encarne al Ángel, porque llevamos décadas cuidando esta tradición. Antes estaba muy claro, las chicas de la familia sacaban el velo y los chicos llevaban la Virgen. Hoy en las reglas se han flexibilizado, pero seguimos manteniendo la esencia”, explica no sin antes agradecer a las familias de las niñas que este año celebran su primera comunión en la localidad que hayan accedido a ceder el testigo a la pequeña de la familia.

Este año, Vera heredará un legado que inició su bisabuela y será protagonista de la ceremonia. Sol no oculta su emoción cuando la ve prepararse para la ceremonia. “Desde pequeña ha visto cómo se hace, ha aprendido los versos y ha participado en los ensayos. Es la continuidad de una tradición que comenzó hace casi cien años y que ahora ella mantiene viva”.

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