Consuelo Gómez Miguel, de 78 años, será homenajeada por la peña Moskera como Abuela de Tudela 2025 el próximo 27 de julio, en el marco de las fiestas patronales de Santa Ana. Lo vivirá con “mucha ilusión,”, y rodeada de su familia, su marido, Luis López Peralta, sus hijos Ana y Luis José, y su nieto Aitor.
Nacida en Algemesí (Valencia), María Consuelo lleva décadas viviendo en Tudela, ciudad a la que llegó junto a su marido Luis, natural de Villafranca. Juntos fueron feriantes, recorriendo el norte, sobre todo por la zona de San Sebastián, “que por ahí corría mucho dinero”, recuerda su marido. Al nacer su segundo hijo, decidieron buscar un lugar donde asentarse, ya que no querían llevar a sus hijos a un internado. Tudela fue la elección final, en parte porque el padre de Luis era natural de la ciudad.
Desde entonces, María Consuelo se convirtió en tudelana hasta la médula, y su vida ha estado profundamente ligada al Casco Viejo, donde durante 37 años regentó la conocida tienda Anuska. Primero fue una librería-juguetería donde muchos tudelanos recuerdan haber comprado figuritas de belén. Más adelante, el negocio evolucionó hacia la venta de pastas y dulces. Desde que se jubiló, la tienda se ha reconvertido en vivienda, pero ella sigue viendo la vida desde el mismo corazón del Casco Viejo.
María Consuelo evoca con nostalgia aquella calle llena de vida: “Estaba llena de comercios: las zapaterías Calvo, la pescadería de José Luis, la librería Cañón con sus cómics y cambios de novela, las lencerías Madonna y ‘La Morona’, Aquilino el peluquero, el estanco, la carnicería de la Sagrario, Aguado… Era como un pasaje comercial. Era otra cosa”.
De cara al homenaje, se muestra emocionada, sobre todo por su pasión por la jota: “Si me cantan jotas, estupendo. Antes siempre íbamos al Certamen del Frontón”. También confiesa su profunda devoción por Santa Ana, a quien dedica un lugar destacado en su casa: “Mi Santa Ana, que no me la quiten”.
Aunque ahora vive las fiestas con más calma, durante años las ha disfrutado intensamente. “Las hemos vivido en primera fila, para lo bueno y para lo malo”, dice, aunque sin queja alguna. “Sabíamos lo que suponía vivir en el centro, un lugar privilegiado para las fiestas”.
En su bajera anexa a la casa, han creado una especie de cuarto de fiestas, decorado con carteles y pañuelos, con una puerta abierta a la calle por donde todo el mundo pasa y saluda. “Ahí montamos una mesa grande y almorzamos. Por aquí pasa todo: la procesión de Santa Ana, los gigantes y cabezudos… todo el ambiente”.
María Consuelo asegura que los primeros días de fiestas son intensos: “El primer día no dormimos, el segundo tampoco, pero el tercero ya por agotamiento dormimos”, comenta entre risas. “Además, ahora dormimos al fondo de la vivienda y ya no oímos tanto ruido”.
Este reconocimiento como Abuela de Tudela 2025 pone en valor una vida vinculada a la ciudad, al comercio tradicional y a las fiestas de Santa Ana, que forman parte de su historia y de la memoria colectiva de Tudela.
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