Antonio Blas Vicente
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— Entrevista de Claudia Vicente —

Antonio Blas Martín recuerda con serenidad una vida marcada por cambios, dificultades y también por la evolución de la ciudad que le vio nacer. A sus 70 años, observa el pasado con la perspectiva de quien ha vivido varias épocas muy distintas de la historia reciente de España.

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Antonio nació el 2 de febrero de 1955 en el Hospital General de Santa María de Tudela, el mismo edificio que hoy alberga la residencia en la que vive y donde se realizó esta entrevista. Durante décadas, aquel lugar fue hospital y Casa Cuna hasta su cierre en 1986, por lo que el edificio guarda también parte de su propia historia personal.

Una infancia marcada por la pérdida

Sus primeros años escolares transcurrieron en el colegio Elvira España, aunque reconoce que conserva pocos recuerdos de esa etapa. La razón es que gran parte de su infancia la pasó lejos de Tudela, internado en el Colegio de Huérfanos Ferroviarios de Ávila.

Su padre, trabajador del ferrocarril, falleció en Tarazona tras sufrir un accidente laboral en el tren. Aquella tragedia cambió por completo el rumbo de su vida familiar y provocó que Antonio tuviera que ingresar en ese centro.

La experiencia en el internado no siempre fue sencilla. Recuerda que algunos compañeros se burlaban y que la disciplina de las monjas era estricta. “A veces las cosas iban bien y otras mal”, explica. Las largas horas de rezos y misas se le hacían especialmente pesadas, aunque reconoce que, pese a todo, terminó adaptándose a aquella vida.

La decisión de marcharse a Madrid

A los 16 años decidió iniciar una nueva etapa. Se trasladó a Madrid, una decisión que no contó inicialmente con el apoyo de su madre, pero que Antonio tomó convencido de que necesitaba un cambio.

En la capital encontró un entorno en el que se sentía más tranquilo. “Como no conocía a la gente, estaba más a gusto”, recuerda. Tras esa etapa, regresó a Tudela y probó suerte durante tres meses como repartidor en la pastelería Salinas. Sin embargo, pronto comprendió que aquel trabajo no era lo que buscaba.

La vida en la Tudela de antes

Cuando vivía con su madre y sus hermanos, la familia residía en una pequeña casa de la calle Carnicerías. Era una vivienda humilde que, según recuerda, incluso dejaba entrar el agua cuando llovía.

A pesar de las dificultades materiales, Antonio guarda un recuerdo especial de la convivencia entre vecinos en aquella época. “La gente era más caritativa y agradable”, afirma. En aquellos años —cuenta— era habitual confiar en los demás hasta el punto de poder dejar la puerta de casa abierta.

También conserva en la memoria las crecidas del río Ebro. Cuando el río se desbordaba, explica, Tudela “parecía Venecia”. Durante las inundaciones, algunas personas recorrían las calles en barcas para llevar ayuda y suministros a los vecinos afectados.

Una vida laboral en Tasubinsa

Ya en la edad adulta, Antonio desarrolló gran parte de su vida laboral en Tasubinsa, en el polígono industrial de Tudela. Allí trabajó durante décadas realizando tareas manuales relacionadas con la fabricación de componentes para máquinas expendedoras de tabaco.

“Yo hacía lo que me mandaban, hacía de todo”, explica con sencillez. Permaneció en la empresa hasta los 69 años, compartiendo jornada con compañeros con los que mantenía buena relación, aunque bromea diciendo que a veces “le ponían la cabeza como un tambor”.

Recuerdos de una España diferente

Antonio también recuerda cómo era la vida en Tudela durante el franquismo. Aunque asegura que no le afectó directamente, sí percibía el ambiente de control y represión propio de la dictadura.

Según explica, quienes protestaban eran rápidamente señalados como “rojos” y podían sufrir persecución. También recuerda el control informativo de la época: en televisión solo existían dos canales y las noticias solían presentar siempre una imagen positiva del régimen.

Con la llegada de la democracia, Antonio percibió un cambio importante en la vida pública de la ciudad. La celebración de elecciones y la posibilidad de elegir a los representantes municipales supusieron una transformación visible en la sociedad.

Una ciudad que ha cambiado con el tiempo

A lo largo de su vida, Antonio ha sido testigo de cómo Tudela se transformaba poco a poco. Uno de los lugares que más recuerda es la actual Plaza de los Fueros, situada muy cerca de la residencia.

Según cuenta, aquel espacio fue en su día una plaza de toros en la que llegó a torear el mítico diestro Manolete. El actual quiosco, añade, ocupaba antiguamente el lugar de una fuente decorada con angelitos que fue destruida durante la Guerra Civil.

También ha cambiado con el tiempo la tradición de la Bajada del Ángel. Antonio recuerda que esta popular ceremonia no se celebraba en la Plaza de los Fueros como ahora, sino en la plaza del Ayuntamiento y a las seis de la mañana.

El valor de recordar

La historia de Antonio Blas Martín es el reflejo de una generación que vivió momentos difíciles, pero también grandes transformaciones sociales. Sus recuerdos hablan de una Tudela más humilde, de una vida marcada por el esfuerzo y de una ciudad que, con el paso de los años, ha ido cambiando su fisonomía y sus costumbres.

Relatos como el suyo forman parte de esa memoria cotidiana que rara vez aparece en los libros de historia, pero que ayuda a comprender mejor cómo era la vida en la Ribera en décadas pasadas. Escuchar estas voces es, en definitiva, una forma de preservar el pasado y mantener vivas las historias que han construido la identidad de la comunidad.

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