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La temporada taurina en Navarra echó a andar en Fitero con más emoción de la prevista. La corrida inaugural de la feria de San Raimundo, aplazada por la lluvia del pasado sábado, encontró acomodo este jueves, día de San José, en una tarde marcada por la entrega de los diestros, el juego desigual del ganado de Castillejo de Huebra y, sobre todo, por el percance que sufrió Francisco Expósito en el último toro de la tarde que dejó helado al coso y que recordó, una vez más, la cara más dura del toreo.

La plaza registró un ambiente de expectación contenido y no tardó en romperse el hielo. Javier Antón, de blanco y oro, fue el encargado de abrir la tarde ante Laminero, un toro noble que permitió el lucimiento del de Murchante desde los primeros compases. Bien con la verónica y unas lucidas banderillas antes de una faena de muleta templada. La estocada, algo caída pero efectiva, fue suficiente para pasear la primera oreja de la tarde.

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El el cuarto, un toro de noble Provinciano, el astado mantuvo la nobleza, aunque exigió algo más. Antón lo entendió bien desde el capote, cumplió en varas y dejó dos pares de banderillas solventes. Con la muleta firmó una faena medida, con pasajes de buen trazo. Tras un pinchazo, dejó una segunda estocada que, junto al conjunto de la labor, le valió una oreja y la salida a hombros por la puerta grande.

Martín, falto de suerte con el ganado

No corrió la misma suerte el cirbonero Javier Marín, vestido de azul, que se topó con un segundo toro falto de fuerzas. Aun así, logró hilvanar muletazos meritorios tras dos pares de banderillas. La espada se convirtió en obstáculo para recibir el trofeo, media estocada, aviso, descabello y un segundo aviso que enfriaron la tarde, escuchando silbidos pese al esfuerzo.

En el quinto, Marín encontró un toro con más empuje. El diestro dejó pasajes estimables con ambas manos, mostrando firmeza y disposición. Sin embargo, de nuevo la espada emborronó el resultado: estocada trasera, pinchazo y otra estocada, con aviso incluido. Aun así, el público reconoció la labor con una oreja.

Mala fortuna para Expósito

La tarde dio un giro con Francisco Expósito. En el primero de su lote, el tercero de la tarde, fue complicado, nervioso y descompuesto, le propinó una primera cogida cuando lidiaba con el capote. Pese a ello, el torero tiró de raza para terminar con dos medias estocadas y descabello, que tras aviso, puso fin a una labor de mérito más que de lucimiento.

El más sobrecogedor llegó con el sexto. Expósito lo recibió de rodillas con decisión, en una declaración de intenciones que pronto se tornó en tragedia. En los primeros compases de muleta sufrió una grave cogida, con una cornada en la pierna derecha que obligó a su traslado inmediato a la enfermería.

La responsabilidad de concluir con la faena fue para Javier Antón, que asumió la lidia con firmeza. Supo templar al animal y construir una faena de mérito en circunstancias de por sí complejas. Dejó una estocada lateral suficiente para que el público, conmovido por lo ocurrido, premiara la entrega con dos orejas.

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