Promovida por el Gobierno de Navarra y gestionada a través de una sociedad pública, la CAT es hoy un hub empresarial en el que conviven pymes, proyectos emprendedores y grandes industrias de todos los sectores. En una amplia zona junto a Tudela, reúne instalaciones, servicios e infraestructuras comunes que permiten a las empresas centrarse en su actividad y contar, desde el primer momento, con unas condiciones favorables para facilitar su implantación y desarrollo.
Las posibilidades de instalarse en la CAT se adaptan a diferentes necesidades. Las pymes, startups y profesionales pueden encontrar en el Centro de Negocios oficinas en alquiler, salas de reuniones y espacios para formación, encuentros y eventos. Además, el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Navarra (CEIN), cuenta con una sede propia en la CAT, conocida como “Vivero de empresas”. Y para proyectos industriales de mayor envergadura, pueden elegir entre naves y parcelas, con opciones de alquiler y compra.
Un modelo en el que compartir es sinónimo de competitividad
Si hay un aspecto que diferencia especialmente a la CAT es su modelo de dotaciones y servicios compartidos. Su Central de Infraestructuras Comunes funciona como una gran central de suministros para las empresas instaladas en el recinto. Como explica Isabel Vicente de Vera, coordinadora de la CAT, “somos como una caldera central que abastece a todos los clientes”. El sistema permite generar y distribuir servicios como vapor, agua caliente, agua fría o refrigeración, evitando que cada empresa tenga que realizar determinadas inversiones e instalaciones por su cuenta y aprovechando las ventajas de trabajar de forma conjunta.
Este modelo permite optimizar recursos y generar eficiencias, pero también aporta algo especialmente valorado por las empresas: estabilidad. En un contexto marcado por la incertidumbre de los mercados energéticos, la CAT puede gestionar de manera conjunta sus suministros y trasladar a las empresas las ventajas de esa capacidad de negociación. El carácter público de la sociedad aporta además una perspectiva de largo plazo y estabilidad en las condiciones de implantación.

La evolución del recinto demuestra que este modelo responde a una necesidad empresarial real. La CAT ha experimentado un crecimiento sostenido y cuenta actualmente con una elevada ocupación de sus parcelas, mientras continúa recibiendo nuevos proyectos. El desarrollo de una empresa, además, no siempre responde a los mismos plazos: mientras una pyme puede necesitar una oficina de forma inmediata, un proyecto industrial requiere planificar suelo, instalaciones, permisos y una inversión que puede prolongarse durante años. Contar con un entorno preparado para ambas realidades permite acompañar diferentes ritmos de crecimiento.
La CAT crea comunidad
La propuesta de la CAT no se limita a ofrecer espacios. Su objetivo es también construir comunidad empresarial. La proximidad entre compañías, la posibilidad de compartir servicios y la relación cotidiana entre empresas de diferentes tamaños y sectores generan oportunidades para establecer contactos, detectar necesidades comunes y desarrollar nuevas colaboraciones.
Por su parte, la CAT sigue trabajando para apoyar a las empresas instaladas, consolidar un ecosistema empresarial y generar sinergias con el resto de agentes y entidades que actúan en la Ribera, con quienes cada vez hay una mayor vinculación. “Queremos ser un nexo de unión entre empresas, y con el entorno y las instituciones”, señala Isabel Vicente de Vera, que considera que conectar a los distintos agentes es una de las claves del futuro de la CAT. La intención es avanzar hacia un entorno en el que las empresas no funcionen como realidades aisladas, sino que puedan encontrar oportunidades de colaboración, innovación y crecimiento conjunto.












