Inicio Opinión Un año después de los incendios forestales, por Julen Rekondo

Un año después de los incendios forestales, por Julen Rekondo

Estos días se ha cumplido un año de los incendios más devastadores que han tenido lugar en Navarra desde que se tienen registros, que carbonizaron en la Zona Media, sin ir más lejos, algo más de 17.000 hectáreas. El incendio que más superficie alcanzó fue el que afectó, entre otros, a los municipios navarros de Uterga, Legarda, Obanos, Muruzabal y Puente La Reina, con un área cercana a las 8.000 hectáreas.

En aquellos días se vivieron escenas escalofriantes y donde los incendios amenazaron a decenas de pueblos. Según ha trascendido a la opinión pública, las investigaciones de los equipos especializados de Policia Foral y del Seprona de Guardia Civil han logrado esclarecer el origen de los focos de Leyre y Olleta, en ambos casos por causas naturales (un rayo); en Uterga y Arguedas debido a dos cosechadoras; en Eunate, la hipótesis más problabe son las labores agrícolas; en Ujué (todavía judicializado, pero se descartan las causas naturales) y Yesa-Sigües (se detuvo a un hombre con seis mecheros, que ingresó en prisión), todos ellos se dieron en junio. En lo que respecta a julio, está el incendio de Bastodain, con origen en un grupo de jóvenes tirando petardos, y Carcastillo, donde el Seprona continúa investigando la autoría del responsable. A la luz de estos datos, cabe decir que varios focos se inIciaron a raíz de labores agrícolas pero también hubo intencionados, y sólo dos por causas naturales.

A la luz de estos datos, cabe decir que varios focos se iniciaron a raíz de labores agrícolas pero también hubo intencionados, y sólo dos por causas naturales.

Un año después es un momento excepcional para rememorar dichos incendios, en que no hubo ningún muerto, pero sí enormes pérdidas económicas, paisajes destrozados, casas incendiadas y la angustia vivida por muchos vecinos, que ahora se han levantado de las cenizas pese a que todavía no han recibido las ayudas prometidas, y sacar algunas lecciones.

En primer lugar, habría que decir que se vivió una situación excepcional con fuertes vientos, altas temperaturas, una sequía impresionante…..Una cuestión importante a tener en cuenta es que, en esas condiciones climáticas se debe prohibir cosechar como medida preventiva, cosa que no se hizo en los primeros momentos.

Otra segunda cuestión es la necesidad de formar a los vecinos y vecinas de los pueblos de Navarra ante los incendios, que desgraciadamente, se repetirán, pero que al menos estemos lo mejor preparados. En este sentido, cabe destacar los cursos impartidos por el Gobierno de Navarra en numerosos municipios, cuyo objetivo es mejorar la autoprotección de los pueblos y ayudar a la ciudadanía a conocer el rol que han de adoptar en caso de que se produzca un incendio forestal.

En tercer lugar, ante las llamas se presentaron numerosos vecinos y vecinas con la voluntad de ayudar a los dispositivos desplazados a las zonas, y también muchos agricultores se prestaron con sus tractores y demás herramientas para hacer todo lo posible para que el fuego no fuera a más. En muchos casos, los vecinos que se prestaron a ayudar a apagar los fuegos se tuvieron que volver a sus casas. Pero una noticia muy positiva es la creación del primer grupo de voluntarios, que cuenta con 85 personas, y cuyo objetivo sería el de colaborar en trabajos como elaboración de retenes, movilización de personas o acompañamiento a los bomberos por los términos de la zona; e incluso colaborar en otras catástrofes como riadas o desparación de persona. Se espera que operen a finales de año con el respaldo del departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra.

Otro de los temas a reflexionar es qué hacer una vez apagados los incendios. ¿Conviene repoblar lo antes posible y tratar de volver cuanto antes al verde de la vegetación anterior al incendio o esperar a que haya una regeración natural? Sin duda, un incendio genera en la gran mayoría de la población, tristeza, rabia, frustración, indignación… y como, a veces, no sabemos gestionar nuestras emociones humanas, tenemos la necesidad de actuar rápidamente. Tras el drama de un incendio forestal, surge la necesidad de restablecer la masa forestal lo antes posible. Sin embargo, no es la primera medida que se debe tomar. Las primeras actuaciones serán favorecer la regeneración natural de la cubierta vegetal. Y habrá que esperar todavía un tiempo para ver si esa regeneración natural se produce, y si no es así, será necesaria la mano del ser humano. Un año después, se puede ver que la regeneración natural sigue su curso, y la repoblación forestal de la zona quemada aún no ha empezado.

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es la necesidad de máxima información y trasparencia por parte de los ayuntamientos y del gobierno de Navarra sobre sus planes, y ampliar los intercambios de opiniones y la discusión, a otros sectores de la sociedad, como asociaciones ecologistas, forestalistas, de recuperación de los bosques autóctonos, organizaciones agrarias, vecinas y vecinos afectados, que creo que tienen muchas cosas que decir. Y, en este sentido, en mi opinión, ha habido un déficit importante.
Y, por supuesto, aprender, sobre las causas que han motivado los incendios y la importancia de la prevención real y eficaz durante todo el año. Los incendios no son un fenómeno del verano, sino que se extienden a los 365 días del año. En la prevención de incendios, sobre todo en cuanto a la rapidez de expansión y voracidad, habrá que tener muy en cuenta a la ganadería y a la agricultura intensiva que generan monocultivos de gran extensión y facilitan la propagación del fuego.

En el contexto actual donde se genera el fuego, es de capital importancia tener en cuenta que los incendios forestales se previenen y apagan a la hora de negociar los presupuestos, y entonces es cuando se puede ver si realmente se quieren poner en marcha políticas de gestión forestal y reactivación del sector rural. En este sentido, hay que ayudar realmente, económica y socialmente, la recuperación de la vida rural para que los pequeños ganaderos y agricultores puedan mantenerse frente a las grandes explotaciones y de esta manera con agricultura y ganadería extensiva crear la suficiente biodiversidad de campos y mantenimiento y limpieza de bosques con el pastoreo que disminuya la rapidez de propagación y la intensidad de los incendios.

Julen Rekondo, experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente