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Saludar

El riesgo del coronavirus ha impuesto el no darnos la mano en los encuentros
personales, sustituyendo ese gesto por un choque de antebrazos. Y la verdad es que
nos cuesta evitar el protocolario apretón; ¿cuestión de una costumbre difícil de
eliminar?, por supuesto, pero además hay otras razones.

Y es que el encuentro interpersonal no es completo si nos quedamos en la
simple aprehensión visual de la otra persona; esa es la razón de que intentemos
percibirla a través de todos nuestros sentidos, y de ahí el rito de entrelazar nuestras
manos; en ese acto percibimos su fuerza y su efusividad, su talante afectivo, si le
caemos bien o no, y es que la mano es el órgano más inteligente del cuerpo. Si
observamos sus complicados movimientos al escribir, nos daremos cuenta de su
versatilidad cercana al virtuosismo. No hay más que darle un boli a una persona que
haya nacido con una importante deficiencia psíquica, para darnos cuenta de la enorme
dificultad que ello le supone.

En la mano se asoma nuestra inteligencia, por ello darse la mano con otra
persona es casi tanto como poner en contacto lo más íntimo de nuestro ser, es sentir
que somos compartidos recíprocamente por el otro, consiguiendo así hacer más plena
la comunicación tenida por medio de la mirada y la escucha.

«El tacto es la manera más plena de sentir lo tocado, y también de entenderlo»

El sentido de la vista nos da el aspecto de la persona, su forma y sus colores, su
vitalidad o cansancio, gusto o disgusto por la situación. Por su parte el oído nos da la
noticia de lo que nos dice y su tono afectivo, mientras que el ritmo de sus palabras y la
entonación nos pone de relieve su sensibilidad. Pero en el tacto tenemos aquello que
tocamos-en este caso una persona-en su totalidad, no solo en su forma sino en sí
mismo, por eso es la manera más plena de sentir lo tocado y también de entenderlo;
ese es el motivo de que, en el encuentro con seres más allegados, sintamos el impulso
de tener un contacto más amplio y pasemos al abrazo, que en ocasiones termina en
una leve caricia sobre el rostro y a veces en un beso, el cual no tiene nada de erótico,
sino que expresa el profundo deseo de sentirnos unidos con quien nos hemos
encontrado.

El beso tiene, o puede tener, otras significaciones de mayor intimidad, pero no
es el caso de este artículo. Lo cierto es que estrechar nuestras manos con quienes nos
saludamos, sobre todo si son amigos, es una satisfactoria vía de intercomunicación.
Ahora nos está prohibido, pero llegará pronto el momento en que la recuperaremos.

Alfonso Verdoy