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El último duelo, por Carlos Muñoz

Verdades contra la opresión patriarcal

Ridley Scott deja para la historia películas míticas como: Alien, Blade Runner, Thelma & Louise, Gladiator… A sus 84 años, vuelve al género épico, con una historia ambientada en Francia a finales del siglo XIV, durante el reinado de Carlos VI. Esta vez, relata la historia y el duelo a muerte entre el caballero Jean de Carrouges, y su enemigo Jacques le Gris por haber violado a su esposa Marguerite. El film lo protagonizan: Jodie Comer, Matt Damon, Adam Driver, Ben Affleck.

Estamos en la Francia de finales del XIV, en medio de un duelo a muerte entre el caballero, Jean de Carrouges (Matt Damon) y Jacques Le Gris (Adam Driver). Estos dos hombres en un tiempo amigos, ahora son enemigos acérrimos al acusar la mujer de Jean, Marguerite (Jodie Comer), a Jacques de haberla violado cuando su marido combatía.

Jean reta a un duelo mortal a caballo y lanza a su enemigo. El vencedor dependerá de la voluntad de Dios que hará florecer la verdad, y permitirá sobrevivir al duelista sincero. Jean está preocupado por su honor, y porque si él muere, su mujer será ajusticiada al quedar probada la falsedad de la acusación. Le Gris, espera demostrar que todo es fruto de la invención de una mujer insatisfecha con su marido y que en el fondo le ama.

Scott usa el recurso que Akira Kurosawa utilizó en Rashomon, contar una historia desde tres puntos de vista: el marido afrentado, el acusado y la mujer ultrajada. Gracias a las tres visiones, conocemos matices de un marido obsesionado con tener un heredero y aumentar el patrimonio, el de un estratega, mujeriego a la sombra de su protector (Ben Affleck), y el de la víctima, una bella mujer, con iniciativa personal, tratada como objeto. El director de Marte refleja su talento en: el montaje del duelo, a través de diálogos que reflejan una corte podrida, repleta de envidias, maquinaciones. La novedad del film radica en mostrar las dificultades de una mujer violada, para probar su verdad y recibir justicia en un mundo patriarcal (se cuestiona su crédito, acusaciones humillantes por parte del jurado…). Lástima que la repetición de escenas provoque saturación, y no profundice en la versión de la mujer, cuyo drama es el motor de la historia.

Matt Damon está discreto, Adam Driver resulta convincente, pero la estrella es Jodie Comer, (Killing Eve), que transmite el peso de una sociedad hipócrita, esclava de unos códigos éticos machistas, y donde la mujer era mero objeto de satisfacción sexual.
Una historia que, con altibajos, retrata los abusos medievales hacia la mujer, mostrando una corte llena de libertinos, déspotas, y donde los encargados de la justicia, preferían mirar a otro lado para buscar consuelo en otros placeres.

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