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Dune, por Carlos Muñoz

El poder del desierto

Denis Villeneuve como hiciera David Lynch en 1984, lleva a la gran pantalla, la novela de Frank Herbert escrita en cinco tomos en 1965. El director de Sicario, narra la lucha por el poder, por el dominio del Universo entre la casa Atreides y los Harkonen, con el desierto como escenario, donde un muchacho está llamado a liderar una revolución. El film lo protagonizan: Timothée Chalamet, Oscar Isaac, Rebeca Fergusson, Zendaya, Javier Bardem, Stellan Skarsgard.

La historia, presenta a los temidos Harkonen con su jefe Vladimir (Stellan Skarsgard), explotando a los habitantes del planeta Arrakis, en cuyo suelo existe una “especia”, vital para el equilibrio del universo. Por orden del emperador Padishah, al que sirven todos los planetas, se decide que el jefe de la casa de los Atreides, el Duque Leto (Oscar Isaac), su mujer Jessica (Rebeca Fergusson) y su hijo Paul (Timothée Chamalet), se trasladen a Arrakis para obtener el preciado producto.

Pronto los Atreide, verán que la misión de extraer la especia es un regalo envenenado, por la presencia de unos monstruosos gusanos que engullen todo aquello que se mueve sobre la arena, y por los Fremen, tuaregs del desierto. En medio de esta misión, Paul, el hijo del Duque, posee extraños poderes y sufre visiones que, según unas viejas creencias, apuntan a que puede ser el Elegido para liberar a los pueblos del poder opresor. Sin embargo, una serie de traiciones cambiarán el destino de Paul…

El director de La llegada crea una historia épica de luchas por el poder, traiciones, con subtramas mesiánicas, ecologistas, apocalípticas, con unos efectos especiales brillantes, casi hipnóticos: los escenarios, las naves en forma de libélula, las luchas. Sin embargo, el apabullante espectáculo visual choca con el tono emocional con el que diseña a los personajes, nos resultan fríos, distantes, entran y salen de la escena a la misma velocidad que ruedan cabezas. Las vicisitudes de esta familia no nos enganchan con tanto subtexto presente en el fondo del film: la lucha por la libertad, la explotación de los recursos, el sacrificio, aparte que la música de Hans Zimmer resulta demasiado atronadora en determinadas escenas.

Timotheé Chalamet, resulta lánguido, le falta garra, algo que, si demuestra Oscar Isaac, y Rebeca Fergusson en su papel de madre con una personalidad intrigante. El resto de actores desde Zendaya a Bardem, están poco desarrollados.

Un film que recupera el tono épico de las antiguas producciones, donde los efectos apabullan, aunque no tanto el desarrollo de las subtramas y el diseño de los personajes. Esperemos que a Villeneve en su próxima entrega, no lo engulla la arena de la espectacularidad únicamente.

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