José Antonio Martínez Cascán, presidente de la peña Moskera, Carmina Mancho, abuela de Tudela, y Miguel Ángel Arrastio, miembro de la junta de la peña

Carmina Macho Blanco recibirá como anticipo a su 78 cumpleaños el reconocimiento como Abuela de Tudela en el tradicional homenaje que organiza la Peña Moskera.

Con el nombramiento a Carmina, la peña Moskera aúna un sinfín de propósitos que tratan de devolvernos a la normalidad después de todo lo vivido en el último año y medio. Es es reencuentro con una tradición, es el reconocimiento a la solidaridad y el compromiso social, a la ciudad de acogida que ha sido siempre Tudela y el homenaje con mayúsculas a quienes han sido golpeados de manera directa por la pandemia, ya que la abuela perdió a su marido, el tudelano Joaquín Sáez, el 10 de agosto de 2020 como consecuencia de la Covid-19.

Hay que viajar hasta Suiza para encontrar la vinculación tudelana de Carmina. Su padre había fallecido siendo ella muy joven y como muchos otros españoles, con 17 años, salió del país para ayudar a su familia, ya que era la mayor de cinco hermanos. Fue en el país helvético dónde la joven palentina se enamoró del tudelano Joaquín Sanz, y juntos desembarcaron en la capital ribera un día de San Pedro de 1969. Fue la primera Mancho en llegar a la Ribera, recuerda. Poco a poco, le siguieron sus hermanos Jesús, Toñi, Geli y José Luis.

En Tudela tuvo a sus dos hijos, Mara y Pepe, y se ganó la vida trabajando como dependienta, agente de seguros del hogar, regentando el puesto de «Pollos asados Carmina, cosa fina» en el mercado de abastos. Como buena vecina del Barrio de Lourdes ha sido y se define como «sanjuanera», implicándose tanto en su parroquia como en sus fiestas, colaborando con el paloteado.

Pero donde Carmina ha sobresalido y ha dejado huella mucho más allá de las fronteras de España ha sido en el ámbito de la solidaridad, impulsando junto a su marido Joaquín el banco de alimentos en Tudela, con el que continúa colaborando, e involucrándose de manera activa en la acogida a los niños y niñas de Bosnia en la década de los 90. Todavía se emociona cuando recuerda el tiempo y empeño que puso el proyecto, pidiendo ayuda y colaboración y sobre todo buscando a las familias interesadas a acoger a unos niños que esperaban la llegada del verano para escapar por unos meses del horror de la guerra que asolaba a los Balcanes. En varias ocasiones acudió a Bosnia-Herzegovina. «Aquello era una odisea, era de película, viendo pasar los carros de combate por las calles. Comenzamos trayendo a 58 chicos y chicas y llegamos a superar los 200. Era un trabajo  increíble. De enero a julio sin parar, creo que he pedido ayuda a todo el mundo en Tudela, y luego viajar a Sarajevo con los autobuses cargados de ayuda para volver con los niños».

El reconocimiento de la peña, asegura, le ha provocado muchos recuerdos y emoción. «Me ha hecho mucha ilusión. Tengo que confesar que estuve todo el día llorando, y lo digo de corazón. Todo esto que hemos pasado ha trastocado nuestras vidas y nos ha dejada para allá. Echaré mucho de menos compartirlo con Joaquín, un tudelano de los que todavía iba impecable a la procesión».