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Ángel Guinda, por Pepe Alfaro

A veces, se borra, si es que existe, la difusa línea que separa la humanidad de la angelería, y se producen extrañas intersecciones. Es lo que ocurre con Ángel Guinda, poeta donde conviven todos los opuestos y los oxímoron, quizás porque, no pocas veces, la contradicción consiste en decir lo mismo, en esa unión que se produce con los extremos. Humanamente ángel o ángelmente humano, así es Ángel, tal como dice en sus versos: “¡Ser humanos, rodar / entre el suelo y el cielo!” Un ángel que nos ha dejado sin dejarnos, porque la voz y la palabra escrita permanecen en eterno presente.

Hace un par de años, publicaba en “su” Editorial Olifante, Los deslumbramientos seguido de Recapitulaciones, poemario existencial donde los haya, en el que, presintiendo que va llegando su final en este mundo, reflexiona sobre la muerte. Y, como si de una profecía misteriosa se tratase, Ángel escribe “El muerto que llevo vivo pronto saldrá de mí”.
Tuvimos la inmensa suerte de conocer a Ángel. A finales de los ochenta, estuvo en el salón de Castel Ruiz junto con Ramón Irigoyen y Leopoldo María Panero, conocidos como “tres poetas malditos”, aunque, tal como afirmaban, ese “malditismo” tuviese más de revolucionario que de maldito, pues aunque escandalizaban a una sociedad todavía muy pacata, toda su Poesía estaba impregnada de una Ética incuestionable, que en aquellos tiempos resultaba incómoda, precisamente por revolucionaria. A ese mismo escenario regresó en 2013 para hablar de su Poesía, acompañado de Luigi Maráez y Álime Huma, que pusieron música y todo el cariño del mundo a nuestros poemas.

Irreverente y tierno, sencillo y místico, siempre vivencial y generoso, gracias, querido amigo Ángel, por recordarnos que “Tenemos una vida en alquiler”

Como recuerda su gran amiga y editora Trinidad Ruiz Marcellán, era una persona “tremendamente alegre y de humor inteligente”. De ello podemos dar fe, porque su cercanía y su risa eran contagiosas, tanto arriba como abajo de los escenarios. Con toda probabilidad, el hecho de profundizar de continuo sobre la muerte en su Poesía, “Tenemos una vida en alquiler”, “Un niño cruza el mundo con un féretro al hombro y ese niño soy yo”. era y es una manera de apreciar la vida.

Irreverente y tierno, sencillo y místico (“¡Qué sagrada la luz que nos apaga!”), siempre vivencial y generoso, gracias, querido amigo Ángel, por recordarnos que “Tenemos una vida en alquiler” y gracias por haber tenido la inmensa fortuna de conocerte, y por seguir conociéndote cada vez más y mejor a través de tu Poesía. Nos toca continuar tu senda y tratar de cumplir tu precepto, porque por aquí todo sigue igual y “Urge cambiar el desorden del mundo”.