Inicio Colaboradores Alfonso Verdoy Amores, por Alfonso Verdoy

Amores, por Alfonso Verdoy


En boca de todos, con mayor o menor intensidad, aletea el dicho de que lo más importante de la vida es el amor, lo que pasa es que no siempre se tiene claro en qué consiste. En principio es una cualidad transitiva que se orienta a seres distintos a quien ama, lo que plantea en ocasiones un dilema: si favorecer al ser amado cuando puede suponer un riesgo para el amante, o favorecerse a sí mismo. Ante esta situación se suele echar mano del refrán que dice: “la verdadera caridad empieza por uno mismo”, y resolvemos la duda en beneficio nuestro.

Pero eso no es amor porque no es transitivo, sino egoísta, que sólo busca satisfacerse con el dinero, el poder o los privilegios conseguidos. El verdadero amor a sí mismo surge, paradójicamente, amando a los otros, tal como sucede con la condición de padre, amigo, esposo, compañero, socio, vecino, ciudadano y figuras paralelas, que ponen todo su interés en potenciar a su prójimo respectivo, lo cual produce una gran tranquilidad de conciencia y una verdadera satisfacción. Así lo atestiguan reconocidos filósofos, líderes de las diversas religiones, los manuales de ética, personalidades de indudable valía moral y personas sencillas, ejemplares modelos en este asunto.

La finalidad natural de cada ser humano es la de seguir siendo él mismo, por sí mismo y sin injerencias extrañas

Lo que único que nos dignifica es la práctica del verdadero amor a nuestro prójimo, aunque no sea de nuestra condición política, religiosa, social, étnica, genérica y económica. De esa manera tratamos y consideramos a los demás como realmente son, es decir como fines en sí mismos; la finalidad natural de cada ser humano es la de seguir siendo él mismo, por sí mismo y sin injerencias extrañas, mientras que si los consideramos únicamente como instrumentos para lograr nuestros objetivos, ya no son por sí mismos sino por nosotros, ya no son fines para sí mismos sino medios para nosotros, meros utensilios, cosas en definitiva. Bastaría que todas las personas practicáramos el verdadero amor para que la mayoría de los problemas sociales, si no todos, tuvieran solución, porque a la vista está que la política no es suficiente.