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Acuerdos, por Pepe Alfaro

Llegar a acuerdos, por principio, debería ser algo positivo. El “convenio entre dos o más partes”, según dice la RAE, es el mejor método para resolver conflictos. Al menos, mucho mejor que resolverlos llegando a las manos. O, casi peor todavía, dejándolos sin resolver. Pero el borreguismo de ciertos sectores de la especie humana no lo ve así. No lo ven así aquellas personas o asociaciones que detestan el principio ético de “lo que importa no es el fin sino los medios para conseguir ese fin”, sobre todo cuando sus intereses de poder no les son favorables. Utilizando un dicho futbolero, que es el súmmum de la “deportividad” de cualquier forofo que se precie, “que ganen los nuestros, aunque jueguen mal y lo hagan de penalti injusto en el último segundo”.

Viene esto a propósito de una reciente noticia, una más, que hace poco tiempo parecería imposible: “EE UU firma un acuerdo con los talibanes para sacar a sus tropas de Afganistán antes de 14 meses. El pacto con los talibanes intenta lanzar un proceso de reconciliación interno que conduzca a la paz después de cuatro décadas de conflicto”. Es así como EEUU hace un gesto (positivo, por supuesto) que (también, por supuesto) no habría permitido a ninguna otra potencia mundial, llámese China, Rusia o la cada vez más debilitada Europa. Lo hemos visto a lo largo de la más reciente Historia con los imposibles acuerdos con Países como Cuba, Venezuela, Corea del Norte. Lo de Corea del Norte parecía más bien una pelea de gallos entre Trump y Kim Jong-un, dándose la mano tras haberse llamado “Viejo” (Kim Jong-un dixit) y “Gordo” (Trump dixit) en un claro ejemplo de la mala educación y descortesía que rige en estos tiempos la Diplomacia mundial.

A menor escala, en la política patria sucede lo mismo: en función de nuestra ideología (casi siempre dictada por la economía que afecta al interés general de nuestros bolsillos) aprobamos o rechazamos acuerdos, pactos y diálogos con los demás. Consecuentemente, alabamos el acuerdo al que llegan los “nuestros” con un país, comunidad o ciudad, y criticamos un acuerdo similar con el mismo país, comunidad o ciudad si son “los otros” los que lo llevan a cabo. Basta con ver las fotos de algunos de nuestros expresidentes (de distintos partidos) en Venezuela o en Comunidades que necesitaron para sus intereses. Ahí están, sin ir tan lejos, las injustas “concesiones” hechas a algunas autonomías p ara aprobar presupuestos, de lo que no se libran ni “los nuestros” ni “los otros”.

El refranero es muy sabio en soluciones, aunque sean extremas. O tal vez por eso. Siempre se ha dicho que los extremos se tocan. Incluso, que se necesitan. De modo que lo mismo da seguir el principio de “Al enemigo, ni agua. Y si es en el desierto, polvorones”, que recurrir al proverbio árabe “besa la mano de tu enemigo hasta que se la partas”. Es decir, como siempre viene ocurriendo, el poder buscará acuerdos para mantenerse, y la oposición los torpedeará para llegar al poder. Pero unos y otros dirán que todo lo que hacen es porque así conviene y lo quieren la mayoría de los españoles. ¡Lo que hay que oír!